Aquí hay que tomar postura. O escogemos el superhombre de Nietzsche, con esa calamidad que es la autosuficiencia, o nos creemos necesitados de ayuda, indigentes de verdades y respuestas. Hay que tomar postura. Esto es como lo de Ortega, o somos espectadores de la realidad desde un soleado mirador o nos embarcamos en ella con todas sus consecuencias.
En este año celebramos el nacimiento de Erich Fromm, cuyos libros han sido manuales de cabecera de todo estudiante de COU. El psicoanálisis de Fromm quitó hierro a la ortodoxia freudiana, tan fría y encorsetada. Nació en Frankfurt en 1900 y se incorporó al mundillo de los Horkheimer, Adorno y Marcuse, que pretendían integrar marxismo y psicoanálisis. Su mayor empeño lo puso en explicar a la posteridad la dimensión creativa del hombre. Es decir, cuando el hombre está sano obra bien, y cuando enferma vive una "vida no vivida". Pero, es ¿verdad que la salud tiene tanto poder moral? Ya sabemos que Hitler tuvo enfermedades mentales innombrables que desquiciaron a toda una nación. Pero, a pesar de que yo me encuentre sano... ¿no me viene una nostalgia, una insatisfacción, un yo qué sé que mengua mis atributos y adelgaza mi alma? Fromm creía en la perfección del hombre tras la superación del narcisismo, la necrofilia y la enajenación. Pero la verdadera felicidad sólo se consigue en el encuentro con el otro, no en una autoproclamada victoria solitaria. La felicidad no es una conquista personal, sino un vencimiento operado por quien más me ama. En otra parcela de la realidad, pero desde el mismo ángulo que Fromm, está Robert Fisher, autor del archieditado "El caballero de la armadura oxidada". Además de guionista de Groucho Marx y de otros grandes comediantes, Fisher redactó está parábola sobre las potencialidades del hombre y su utilización para alcanzar la plenitud: "esto es un nuevo tipo de cruzada para vos, querido caballero: una que requiere más coraje que todas las otras batallas que habéis conocido antes. Si lográis reunir las fuerzas necesarias y quedaros para hacer lo que tenéis que hacer aquí, será vuestra mayor victoria". El proyecto de Fisher es confiar en un qué (la propia fuerza), no en un quién. Al igual que Fromm deja al hombre al cuidado de sí mismo. Sin embargo, viene a estas 1ª Letras un cuadro de uno de los pintores surrealistas más interesantes, René Magritte. En sus cuadros definió al hombre de otra manera, como un ser necesitado, un lactante de verdades que él no se puede regalar. Magritte rechazó siempre toda interpretación psicoanalítica de su obra. "Mi arte evoca el misterio sin el cual el mundo no existiría, y nadie con sentido común puede creer que el psicoanálisis pueda esclarecer el misterio del mundo". Según Gisèle Olliager-Zingue, "la motivación misma de la pintura de Magritte es la existencia del hombre y los interrogantes que suscita en cuanto al sentido de la vida y de la muerte. Con sencillos elementos de la realidad cotidiana, provocaba asociaciones inesperadas para crear un clima poético que nos desconcierta, nos hace así bordear el misterio, fuente de todo conocimiento". En esta misma línea está Yasmina Reza, cuando pone en boca de uno de los personajes de Arte que "todo lo que ha hecho que el mundo sea el mundo, todo lo que ha sido bello y grande en este mundo, no ha nacido nunca de un discurso racional", de un producto que nace y se queda en el hombre. |