... Y donde se dice de mutantes entiéndase de calienta asientos, de agobiadísimas hembras de primera fila a quienes se les escapó en los apuntes hasta el "cierren la ventana", tan dispuestas ellas a no perder ni una palabra, de atestadas cafeterías donde el ochenta por ciento del personal se relame hasta las heces de seguir chupando del frasco ubérrimo del progenitor currante que ve con desesperación cómo su hijo no fue mucho más lejos en sus inquietudes de la dorada época de "Fútbol es Fútbol", de manifestaciones ridículamente progres que inventan fantasmas con los que pelearse, y sobre todo de viajes de ecuador, de viajes de fin de curso, de fiestas de fin de exámenes, de fiestas de la Primavera (a la universidad llega antes que a El Corte Inglés), de fiestas por la liberación del berberecho (solidarios, que no queden) lo que sea, aunque haya que pagar el peaje de estudiarse a capón ochenta folios que perecerán en el agujero negro de la memoria una semana después del aprobado (porque fuisteis buenos y comprasteis todos mi maravilloso manual) y, entre toda esa maraña, dos o tres perlitas que se pudren de desesperación cuando el enésimo vetusto catedrático sacude sus folios amarillentos y dice:-oigan- con voz de magistral erudición inútil -oigan; hoy no habrá clase, tengo un compromiso- y se oye en el anfiteatro un terrible, patético, casi obsceno -vale tío, da buten. |