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Pasión por la ópera
La ópera no es ningún género musical decimonónico, pétreo, pasado de moda y su perado por el cine; por el contrario sigue dando guerra porque conserva una magia de totalidad que pocos géneros artísticos pueden lograr. La ópera habla de nosotros mismos, de nuestras ambiciones, dudas y pasiones. Por ejemplo, en El caballero de la Rosa de Richard Strauss, recientemente representada en el Teatro Real, la Mariscala cuenta a Octavio, el joven enamorado, su miedo a envejecer. A veces se levanta a medianoche para detener el tic-tac del reloj de su dormitorio y así parar el tiempo. El tic-tac de la orquesta se detiene. De esta forma, todos los espectadores se dan cuenta de que el envejecimiento es irremediable. En el 1º acto de Tristán e Isolda de Wagner, Isolda parece que odia a Tristán por lo que dice, pero el susurro de la orquesta nos dice que en realidad siente pasión por él. Este efecto supera las posibilidades de las palabras.Hay gente que no puede entender que se dramatice cantando. Para usar las palabras de W. Auden, "ningún buen argumento de ópera puede ser sensato, porque la gente no canta cuando tiene sensatez". Evidentemente, nadie en la vida ordinaria se muere de cáncer entonando un aria, pero tampoco los rostros de las mujeres son verdes y sin embargo así los dibujó Matisse, con ello el artista expresaba, más allá de las erupciones cutráneas, la inquietud, la soledad, un indisimulado dolor oculto... Ni muchos menos la ópera puede tener el poder de redimir al mundo, tal y como Richard Wagner proponía, ya que nada humano puede salvarnos. Por naturaleza somos incompletos,necesitados, ninguna propuesta cultural o científica podrá nunca responder a la sed de absoluto del hombre. Por cierto, sobre este punto y ridiculizando afortunadísimamente al compositor alemán, Woody Allen decía que cada vez que escuchaba la música de Wagner le daban ganas de invadir Polonia. Sin embargo, la ópera puede deletrearnos, hacernos caer en la cuenta de nuestras posibilidades y carencias. MV |
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No aparenta la edad que dice el folletín biográfico, porque es una chavalina de trenzas, piruleta y faldita plisada que se mueve por el escenario como un inquieto fox terrier de 4 meses. Más que una espléndida cantante de ópera, se podría decir que es una actriz a la que Dios ha regalado una hermosísima voz. No tiene miedo a nada. Su debut en Zurich fue un paseo por el salón de su propia casa. A su marido no lo pierde de vista ni un instante. Es nuestra mejor soprano, no hay duda, y acaba de interpretar el papel de Sophie del El caballero de la Rosa en el Real.
Calibán.- ¿Crees que la gente joven sigue pensando que las cantantes de ópera son las gordísimas superabuelas inamovibles en escena? Isabel Rey.- Yo creo que si los jóvenes piensan así es que hace mucho tiempo que no vienen a la ópera. Tenemos todavía esa imagen en la retina, pero la ópera ha cambiado mucho. La imagen y la estética han traspasado fronteras y han llegado a la ópera. La palabra ópera impone mucho, por ello hay que conocerla poco a poco. Hay que empezar oyendo los dulces que tiene, ciertas arias, ciertos momentos orquestales, dúos muy hermosos que pueden cautivar
C.- ¿Prometes públicamente que jamás has hecho arte dramático? (La pregunta viene a cuento por la habilidad y brillantez de esta mujer para moverse por el escenario). IR.- ¡Nunca! Bueno, en mis tiempos de estudiante hice un curso que duró 10 minutos. Cuando llegó mi turno me dijeron que no estaba dotada para el escenario, que estaba dividida, que la parte de arriba de mi cuerpo iba por un sitio y la de abajo por otro, que lo mejor era dejarlo. Pero siempre he sido una persona muy dotada para actuar, para montar mis películas privadas, para creer que era la estrella de la película que acababa de ver. Eso se lleva en la sangre. C.- ¿Para iniciarse en la ópera la experiencia tiene que ser como la de Julia Roberts en Pretty Woman o paulatina, poco a poco? IR.- Hay óperas en las que entras de cabeza, como La Boheme. En cambio El caballero de la Rosa es difícil de escuchar. Lo ideal es oír ópera en pequeñas diócesis. No hay que tener una sensibilidad especial, sino dejar que te llene, como esa asignatura que parece un hueso duro de roer pero poco a poco descubres que es maravillosa.
C.- Cuéntanos tus primeras experiencias al debutar con la Sonámbula de Bellini. IR.- Mis padres enfocaron mi vida desde siempre hacia la ópera. Debutar era como la coronación de aquel deseo. Me resultó muy fácil, era muy joven y atrevida (ahora lo sigo siendo). Fue algo muy agradable, es lo que bas esperando. Estaba muy tranquila. El maestro director me dio mucha seguridad y fui premiada como mejor actriz de ópera en aquella temporada. Fue el principio del sueño.
C.- Algunas vez escuchas música de la gente de tu tierra, como la de Presuntos Implicados? IR.- ¡Me encanta la música de Presuntos! Me gustaría mucho hacer un dúo con Sole. Tiene una voz preciosa. Creo que es un grupo muy asentado, con una idea muy clara de lo que quieren. Yo soy su primera admiradora, ¡tengo todos sus discos!
C.- ¿Por qué hoy en día no existen divas como la Callas, la Sutherland? IR.- Esta es un pregunta importante. Sencillamente porque ellos no quieren. Me explico, en la época de la Callas, la Caballé joven, el cantante era un ser venido de otra galaxia y tenía libertad para hacer lo que quisiera. Era el rey que decidía mantener una nota el tiempo que le diera la gana. Hoy, esa opción la tienen los directores de orquesta y de escena. Una carrera como la de Miguel Fleta, con sus pianos etéreos, hoy en día no tendría ningún sentido porque no hay un maestro que te permita interpretar así. No es que los cantantes de hoy no tengamos personalidad, sino que no podemos explayarnos como antes.
C.- Hoy se lleva más la cantante especializada, ¿no? IR.- Exacto, la Callas hacía desde El Rapto en el Serrallo hasta Carmen, y los grandes tenores te cantaban lo mismo un Fausto, que una Forza del Destino. Las orquestas ahora son más grandes y se va buscando la voz más adecuada para un rol. Yo estoy esperando a hacer Traviata, esperando a que mi voz evolucione un poco más hacia el lírico. Hace 30 años ya estaría cantando Traviata, pero hoy en día el público espera una voz más poderosa que la mía.
C.- ¿Qué hay de verdaderamente humano en la ópera? IR.- La ópera es amor. Cuando canto busco tocar la perfección, que mi voz enamore, que ofrezca hermosura, belleza. El género humano busca la belleza, el amor, la armonía, la felicidad. Cuando cantas e interpretas estás llena de emociones verdaderas que la gente busca, y eso es lo que hace que la ópera sea verdaderamente humana.
C.- ¿A quién agradeces todo lo que has recibido? IR.- A todo el mundo. He recibido muchísimo. A mis padres, que me han regalado la vida; a Dios, ese ser superior en el que todo creemos; a mis maestros, a las personas con las que me he cruzado en la vida, a los que no me han animado pero gracias a ellos me he afirmado más en mi deseo de cantar, a mi marido, a mis suegros, a mi hermano... El camino siempre está jalonado de personas que están en tu vida para hacerte crecer.n
María Vedras |