| El Maestro y Margarita Mijaíl Bulgákov Alianza Editorial A veces es más fácil comprarse un tiesto que meterse en la selva amazónica y es más pegadiza una canción de los Corrs que la Sinfonía de los Mil de Mahler. Pero el resultado final de una operación trabajosa es siempre productiva.
Meterse entre pecho y espalda este pedazo de novela de Bulgákov es una odisea de titanes. Hay que ir a ella como para ver Magnolia, después de haber dormido una siesta en condiciones. El autor de El maestro y margarita fue perseguido durante los primeros años del régimen soviético en virtud de sus críticas al sistema comunista, corrupto y deslenguado hacia las tradiciones del pueblo ruso. Por eso la obra no vio la luz hasta 1966. Bulgákov tiene el privilegiado don de decir lo suficiente como para que los que quieran entender se den por aludidos y los que no deban enterarse ni lo huelan, un poco a lo Orwell en Rebelión en la granja, donde todos los animales tenían su nombre y apellidos. Aquí, el autor ruso deja al aire libre la ropa sucia de todo un régimen, las agresiones y vilezas de un microuniverso corrupto, con sus funcionarios y burócratas de lo inmediato que adelgazan la dignidad y espiritualidad del ser humano. La historia se plantea en clave de realismo mágico (que ríete tú de los Vargas Llosa, García Márquez y compañía). Un buen día aparece el mismísimo diablo en Moscú causando el pavor en gentes que han perdido la esperanza en la vida, que vagan sin rumbo, desautorizadas por una atmósfera asfixiante. El diablo convulsiona los comportamientos cotidianos con su propia sabiduría que tan bien expresara Goethe en su Fausto, "una fuerza que siempre quiere el mal y que siempre practica el bien". La imagen del diablo, tan soberbiamente definida en estas líneas del gran autor alemán, ya la padecimos en nuestra historia reciente en la persona de Eichmann, el militar de alta graduación nazi responsable de los envíos de judíos en los trenes hasta los campos de concentración. Un hombre disciplinado, caballeroso, amable en sus formas, siempre dispuesto a la sonrisa pero, en el fondo, un asesino nato, un criminal refinado. El diablo de Bulgákov se mueve en estas mismas orillas. El maestro y margarita es un amplio capítulo de Alicia en el país de las pesadillas. Algunas de sus frases obligan al lector a detenerse indefinidamente, "el hombre es mortal, pero eso es sólo la mitad del problema. Lo grave es que es mortal de repente". "-Si Dios no existe, ¿quién mantiene entonces el orden en la tierra y dirige la vida humana? El hombre mismo. Perdone usted, pero para dirigir algo es preciso contar con un futuro más o menos previsible, y dígame, ¿cómo podría estar este gobierno en manos del hombre, que ni siquiera está seguro de su propio día de mañana?". |