CatedralRaymond Carver Editorial Anagrama Conseguir que un empleaducho, un parado, o una pareja a la deriva adquieran proporciones monumentales y heroicas es un privilegio exclusivamente reservado a autores de la talla de Raymond Carver. Más todavía cuando resulta evidente la mella que ha hecho su estilo lacónico y totalmente desprovisto de aderezos superfluos en la posterior literatura norteamericana y, especialmente, en la forma de plantear el relato, siempre con esa tensión de peligro inminente en la normalidad (no siempre resuelto), o de grieta insondable de belleza en una existencia anodina o banalizada. Nadie sabe lo que es enseñarle una catedral a un ciego si no ha leído a Raymond Carver. |