Número 17, noviembre 2000


Es difícil hablar con mesura y serenidad sobre la situación política en el País Vasco. Y encima, los crímenes terroristas pueden teñir de irracionalidad nuestras más sesudas opiniones. Como dice Umbral, la abrumadora reiteración de violencia puede hacernos cómplices de esa espiral demencial, porque nos habitúa a su gélida recurrencia y nos invita a considerar los crímenes de ETA como sucesos, catástrofes naturales o incendios forestales.

Ha salido al mercado un excepcional libro de Rogelio Alonso, La paz de Belfast, un estudio sereno sobre las vías de solución política en Irlanda del Norte desde los acuerdos del Viernes Santo hasta nuestros días. Muchas veces se ha comparado el proceso norirlandés al vasco. Comenta Rogelio Alonso, "allí, el diálogo que ha conducido a la paz no se ha basado en la radicalización del nacionalismo democrático, sino en la constitucionalización del nacionalismo violento, fenómeno opuesto a lo que ha intentado la dirección del PNV al atender a las exigencias de sectores independentistas". Aunque con dificultades, el proceso de paz norirlandés ha sido posible porque ha habido una voluntad por parte de sus protagonistas de poner fin al conflicto armado. Conseguida esa voluntad, el problema radicaba en acordar un método apropiado. Es decir, los republicanos han mostrado claramente su voluntad de poner fin al conflicto a pesar de que ello no supusiera la materialización de sus exigencias máximas, de hecho, se han sometido a una constitucionalización que les ha llevado a aceptar una mera autonomía para Irlanda del Norte. Sin embargo, la política del PNV ha cambiado en los últimos años vigorosamente, ya que ha pasado de una defensa del autonomismo dentro de la Constitución, a una tesis soberanista más próxima a los planteamientos de ETA.

"La evolución del IRA hacia las posturas defendidas por el nacionalismo constitucional — dice Rogelio Alonsose aprecia al comparar su actual aceptación de un Gobierno autónomo con las exigencias que en 1972 expuso al Gobierno británico: autodeterminación del pueblo irlandés, retirada británica y amnistía para sus presos. Al imponer entonces esas condiciones maximalistas, estaban automáticamente rechazando una solución política, pues semejantes exigencias sólo podrían obtenerse mediante la fuerza, opción que ya habían descartado al considerar imposible una victoria militar sobre los británicos. Los documentos de ETA demuestran que su planteamiento no es muy diferente al del IRA de aquella época, sin aceptar posiciones intermedias en las que pudiera explorarse el consenso". Según este autor, los reveladores documentos sobre los contactos entre ETA y el PNV, así como el giro soberanista emprendido por este partido, demuestran que todavía no han aprendido la lección decisiva del modelo irlandés.