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La película cuenta el largo camino que tiene que recorrer el Señor Badii (Homayon Ershadi) para encontrar a alguien que acepte enterrarle tras su inminente suicidio. El recorrido le lleva a encontrarse con distintos personajes que irán reaccionando de distinta manera ante tan singular propuesta. Así pues, se tropezará con un recogedor de chatarra, un soldado kurdo, un vigilante afgano, un estudiante de teología islámica, también afgano, y finalmente a un taxidermista turco. Será este último quien le intente hacer cambiar de opinión, quien intente persuadirle de la cobardía que va a cometer. El director realiza una ruta por las afueras de la ciudad de Teherán a modo de presentación de su nación. Trayecto éste tan árido como espléndido, tal y como puede llegar a ser su país. Es un Teherán auténtico y desconocido, real, con sus gentes, sus paisajes, sus sonidos... En ninguna película como en ésta, el sonido ambiente (las pisadas, los ruidos de la calle, las sirenas, los ladridos...) adquiere un valor tan singularmente dramático, convirtiéndose en un personaje más. |
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