Franz WerfelEscuchad la voz Ediciones Encuentro Werfel es tan poco conocido como interesante. Sabemos de él que se casó con la que decían "mujer más hermosa de Austria", Alma Mahler, la viuda del gran compositor Gustav Mahler. Hombre de una extraordinaria sensibilidad, capaz de echar sobre sus hombros la carga inhumana del dolor ajeno, "¿cómo puedo ser feliz mientras haya en la tierra una criatura que sufra?". Werfel siempre alargaba los argumentos que se traía entre manos con una expresión al tiempo dulce y firme, dejando el tesoro de su propuesta en el hondón de las palabras. Durante un tiempo se embarcó en la vanguardia expresionista pero, no tardando mucho, comenzó a echar pestes de aquellos que "han prorrumpido con una manía vana de ser oscuros y herméticos". Escuchad la voz es la historia del profeta Jeremías, el padre de las lamentaciones. Prueba de ello es la palabra castellana que utilizamos cuando alguien se nos pone quejicoso y plañidero, decimos entonces que usa siempre un tono jeremíaco. Lo que le interesa a Werfel de la narración histórico-bíblica de Jeremías es la decepcionante fragilidad de un muchacho judío al que Dios le dirige su voz. El escritor checo quiere centrar su interés literario en la apasionante certeza de ver como un mero hombre y no un héroe puede tutearse con el Altísimo. Así, en otra de sus obras, llama poderosamente la atención del lector con el ejemplo de que cada ser humano es una letra de una gran novela, un carácter insignificante, una grafía aparentemente prescindible, pero que, sin embargo, se muestra indispensable para el sentido total del texto. ""Yo soy una letra de una gran novela. No conozco mi propio significado ni tampoco el de las pocas letras contiguas que puedo divisar desde mi sitio. Yo, que no sé ni siquiera el sentido y significado de la letra que soy, ¿cómo podría saber algo del sentido de la totalidad de la novela, de su argumento, de sus partes? Pero siendo como soy una letra, se me llena la consciencia de ser una partícula plena de significado que es fácil descifrar y de relacionar con el todo por unos ojos que están al otro lado del libro que me está leyendo o escribiendo. Iluminada por estos ojos, la pequeña letra se alimenta de la esperanza segura de que no sólo es necesaria para la totalidad, sino que contiene en su pequeñez, el inmenso y desconocido significado de la totalidad". |