Número 17, noviembre 2000

Carlos Díaz: "Emmanuel Mounier". Biblioteca Palabra

Merece la pena conocer la película vital de Mounier, fundador del personalismo, de la mano de esta biografía escrita al latido de la pasión. Mounier fue un hombre partido por el rayo de la profundidad, con un interés insaciable por llegar al corazón de las cosas. Se exasperaba ante toda impostura burguesa, esa afirmación existencial que deja blindada una sempiterna comodidad y un gusto por la conformidad y la superficialidad, "la medida del burgués no es el amor sino un código de tranquilidad". Fue el padre fundador de la revista Esprit, un producto literario de primera magnitud que fustigaba con el mismo interés al capitalismo gris como al materialismo marxista. Su fe católica nunca le condujo a realizar con agnósticos e increyentes un proselitismo barato, sino llegar a ellos desde la inmediatez del verdadero encuentro. Por ello, hizo de su revista un areópago que atraía a artistas de diferente pelaje y posturas al calor de la verdadera amistad. Esprit nació como una empresa ruinosa pero rica.

Dramática y conmovedora resulta la narración del filósofo francés, a propósito de la encefalitis de su hija, en unas páginas recogidas por Carlos Díaz que invitan a una indeclinable reflexión del lector al contemplar la fe de un hombre atribulado pero capaz de leer el misterio donde sólo se podía oír la gélida risa del dolor. Tras su encarcelamiento por el régimen colaboracionista de Vichy y llevar a cabo una huelga de hambre, es puesto en libertad para volver a sacar a la luz aquella revista emblemática. Murió joven, pero dejó un legado de escritos diamantinos, profundos por sus propuestas y brillantes por la habilidad de su expresión.

Isabel García

C.S. Lewis: "La experiencia de leer". Editorial Alba

Destacamos en página impar este libro de Lewis, porque apetece echarse al coleto de vez en cuando literatura sobre literatura, lectura sobre lecturas, páginas sobre cómo leerlas, y en este caso vamos de la mano de un maestro de quilates. Nos dice que hay dos tipos de lectores: los que recurren a los libros sólo como última instancia, y que los abandonan tan pronto como descubren otra manera de pasar el tiempo, y los que tienen cierta sensibilidad literaria, cuya primera lectura "suele ser una experiencia tan trascendental que sólo admite comparación con las experiencias del amor, la religión o el duelo". Lewis odia esos maestros de ciertas universidades que para conservar sus puestos deben publicar permanentemente artículos donde digan cosas nuevas sobre tal o cual obra literaria. Para este tipo de personas, la lectura suele ser un materia prima con que amasar los ladrillos que necesitan para sus intereses, son los buscadores de prestigio.

En el fondo, lo que muestra el autor de Belfast es una apasionada relación con esos compañeros de camino que tantos universos abren y que siempre regalan a sus dueños itinerarios novedosos para descubrir perfiles recónditos del corazón.

IG