- ¡Antonio! Un café.- ¡Enseguida va¡ - ¡Qué frío!, parece mentira, ¿cuándo llegará la primavera? - El tiempo se está volviendo loco, don Felipe. ¡Volviendo loco! - Y que lo diga. No hay quien pare en casa con este frío. Dan ganas de no salir de la cama hasta la hora de comer. - ¿No tendrá un poco de tabaco para liar?, estoy esperando que me paguen unas crónicas para El Imparcial, y hasta entonces... - Estamos de suerte, anoche cobré unas cosillas que tenía pendientes desde enero. - Pues va ese pitillo. - ¿Quiere más leche don Felipe?- dijo el camarero de chaquetilla blanca que acababa de llegar con la bandeja de zinc. - Hasta el borde, Antonio. - ¿Ha leído la prensa? - Tenga cuidado que esta muy caliente. - Mejor, así me durará toda la mañana... ¿qué me decía de la prensa?, ¿es que ha pasado algo? - Se vuelve a hablar de la Gran Vía. Parece que el Ayuntamiento se ha decidido por fin a comenzar las obras. - Unir Alcalá con la plaza de San Marcial, ¡qué majadería!, ¡eso es imposible! - Hace tiempo que se habla de ello, y últimamente los periódicos no hacen más que especular sobre cuál será el trazado. - Pero hombre de Dios, imagínese, para hacer esa "fantástica avenida" tendrían que tirar manzanas enteras, calles enteras... ¡eso es imposible! - ¡¡Eso es necesario!! |
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Los dos amigos que han estado charlando sobre la fría mesa de mármol desgastado con las manos apretadas a las tazas de café caliente se giraron para averiguar quien había interrumpido su conversación.
- Perdonen, pero no he podido evitar oír lo que estaban diciendo. ¿Me permiten que me siente con ustedes? En ese momento abrió la puerta del local un hombre menudo, envuelto en capa negra, mostacho, bombín y cigarrillo en la diestra. - Antonio, ¡un café! El empresario teatral no perdió un instante, y se levantó como un resorte. - Buenos días Federico, siéntate con nosotros. Te presento a estos amigos. Una semana después, Ducazal tenía sobre su mesa la zarzuela titulada La Gran Vía. El 2 de julio de 1886 se estrenaba en el Teatro Felipe, con un éxito sin precedentes en la escena madrileña. La función duró cuatro horas, la tiple Lucía Pastor y el tenor Joaquín Manini tuvieron que repetir hasta dos y tres veces cada número. Las obras para la ejecución de la Gran Vía no comenzaron hasta veinticuatro años mas tarde, el 4 de abril de 1910, y no concluyeron hasta bien entrada la década de los cuarenta. Se demolieron cientos de casas y desaparecieron numerosas calles. Pero eso... ya es otra historia. José Cabanach |