Número 17, noviembre 2000
Seis días para la Gran Vía
- ¡Antonio! Un café.
- ¡Enseguida va¡
- ¡Qué frío!, parece mentira, ¿cuándo llegará la primavera?
- El tiempo se está volviendo loco, don Felipe. ¡Volviendo loco!
- Y que lo diga. No hay quien pare en casa con este frío. Dan ganas de no salir de la cama hasta la hora de comer.
- ¿No tendrá un poco de tabaco para liar?, estoy esperando que me paguen unas crónicas para El Imparcial, y hasta entonces...
- Estamos de suerte, anoche cobré unas cosillas que tenía pendientes desde enero.
- Pues va ese pitillo.
- ¿Quiere más leche don Felipe?- dijo el camarero de chaquetilla blanca que acababa de llegar con la bandeja de zinc.
- Hasta el borde, Antonio.
- ¿Ha leído la prensa?
- Tenga cuidado que esta muy caliente.
- Mejor, así me durará toda la mañana... ¿qué me decía de la prensa?, ¿es que ha pasado algo?
- Se vuelve a hablar de la Gran Vía. Parece que el Ayuntamiento se ha decidido por fin a comenzar las obras.
- Unir Alcalá con la plaza de San Marcial, ¡qué majadería!, ¡eso es imposible!
- Hace tiempo que se habla de ello, y últimamente los periódicos no hacen más que especular sobre cuál será el trazado.
- Pero hombre de Dios, imagínese, para hacer esa "fantástica avenida" tendrían que tirar manzanas enteras, calles enteras... ¡eso es imposible!
- ¡¡Eso es necesario!!
Los dos amigos que han estado charlando sobre la fría mesa de mármol desgastado con las manos apretadas a las tazas de café caliente se giraron para averiguar quien había interrumpido su conversación.

- Perdonen, pero no he podido evitar oír lo que estaban diciendo. ¿Me permiten que me siente con ustedes?
- ¿Cómo no?
- Miren, todas las ciudades están remodelando sus trazados. Europa se está preparando para entrar en el siglo XX. Estamos en 1886... y nosotros, ¿qué hemos hecho? Digan... ¿qué hemos hecho? Yo se lo diré. ¡Nada! Acabo de llegar de París, nos llevan veinte años de adelanto, el barón Haussmann ha diseñado una ciudad moderna... con grandes avenidas...
- París, para los franceses. Además, nuestro Ayuntamiento no es precisamente una entidad que destaque por su rapidez.
- Por eso estoy buscando un nuevo espectáculo para mi teatro... perdón, no me he presentado, soy Felipe Ducazal.
- ¿Es usted el dueño del Teatro Felipe del Paseo del Prado?
- Efectivamente... y, como les decía, estoy buscando un libretista para que escriba una zarzuela que hable sobre La Gran Vía, estoy seguro de que sería un gran éxito.
- Ha venido a parar al lugar indicado, mi nombre es Felipe Pérez y González, y precisamente en estos momentos dispongo de algo de tiempo que bien podría utilizar para escribir esa pieza de la que nos habla.

En ese momento abrió la puerta del local un hombre menudo, envuelto en capa negra, mostacho, bombín y cigarrillo en la diestra.

- Antonio, ¡un café!
- Enseguida.

El empresario teatral no perdió un instante, y se levantó como un resorte.

- Buenos días Federico, siéntate con nosotros. Te presento a estos amigos.
- Hablábamos de poner en escena una nueva zarzuela, y tú nos vienes como anillo al dedo.
- Su café, don Federico.
- ¿Quieren tomar algo mas?- dijo Ducazal -.
- Hombre, pues no vendría nada mal una copita de chinchón de la Alcoholera... por calentarnos... - respondió Felipe.
- Sí, eso... por calentarnos — dijeron los demás -.
- Federico Chueca es uno de los mejores músicos de la Villa, ya hemos trabajado juntos en alguna ocasión.
- ¡Sin rodeos Felipe! Estoy trabajando en una nueva zarzuela titulada Cádiz, pero no veré ni un real hasta que se estrene en noviembre, me interesa cualquier cosa que me permita mantenerme hasta entonces. ¿Cuál es le tema del libreto, y quién lo escribe?
- El tema es el proyecto para la Gran Vía y lo va escribir este joven.
- El tema me parece una soberana tontería, porque nuestro país seguirá siendo provinciano toda la vida. En cuanto a usted, Felipe, ¿cuándo cree que podrá tener el texto preparado?
- Si empiezo hoy mismo, lo terminaré en tres días.
- Está bien, si usted es capaz de escribir una zarzuela en tres días yo le pondré música en tres noches. Pero Ducazal... esto te costará algo más que un chinchón.

Una semana después, Ducazal tenía sobre su mesa la zarzuela titulada La Gran Vía. El 2 de julio de 1886 se estrenaba en el Teatro Felipe, con un éxito sin precedentes en la escena madrileña. La función duró cuatro horas, la tiple Lucía Pastor y el tenor Joaquín Manini tuvieron que repetir hasta dos y tres veces cada número.

Las obras para la ejecución de la Gran Vía no comenzaron hasta veinticuatro años mas tarde, el 4 de abril de 1910, y no concluyeron hasta bien entrada la década de los cuarenta. Se demolieron cientos de casas y desaparecieron numerosas calles. Pero eso... ya es otra historia.

José Cabanach