Número 17, noviembre 2000
Inés Sáinz
Hace unos días, mientras recorría los pasillos de una gran superficie, comprando toda una serie de productos que no figuraban en la lista que tenía escrita y olvidando aquellos que al llegar a casa volvería a recordar con enfado, me abordó un redactor de esta revista y me pidió, con toda educación, que escribiera unas líneas en las que debía opinar sobre un tema en particular que más adelante me propondría.

La verdad es que quedamos en hablar y le di mi teléfono con mucha ilusión por comprometerme a escribir este texto. No tardó mucho en llamarme y quedamos en mi oficina para ofrecerme algunos temas entre los que tenía que elegir el que más me apeteciera. Cuando apareció me sorprendió "su uniforme", ¡¡era un sacerdote!! (en el hiper vestía de paisano). Enseguida empezamos a comentar las posibilidades y quedamos en que prepararía un tema en concreto.

Después de mirar una y otra vez los temas propuestos y rebelarme por tener que opinar en público (nunca me ha gustado expresar mis opiniones a personas a las que no les veo la cara... por pudor, no por desprecio), me fijé en una propuesta que me produjo una reacción inmediata. El tema era: Las compañeras de trabajo son amigas o enemigas... Mi reacción fue automática.

Yo no establezco relaciones con la gente por el entorno del que procede. Yo catalogo a las personas que me rodean en primer lugar, como amigas mientras no me demuestren lo contrario, en segundo lugar, están las personas que no conozco y trato de averiguar por dónde van a salir, y por último, están aquellas que por mi culpa, por su culpa o por culpa de los dos (casi siempre es por la de los dos) no me han caído en gracia y suelen ser las protagonistas de mis críticas cuando nos juntamos unas cuantas amigas a tomar un café (¡¡típico de las mujeres ... !!).

Creo que no podría valorar en una estadística el entorno en el que me relaciono, porque el día que lo haga estaré limitando, sin saberlo, mi capacidad de relacionarme con la gente. Tengo amigos y enemigos en todos lados, pero no suelo pensar en aquellos que no quieren que lo haga. De todas formas, me gustaría que cualquiera de ellos me diera la oportunidad de conocerme tal como soy, sin límite de horario o de calendario, y me gustaría que así fuese por que a lo mejor alguno de ellos cambiaría de opinión.

Inés Sáinz
Mis España 1997