José Antonio Marina ha inventado, sin proponérselo, un género literario: la narrativa ensayística. Sus libros son una prueba de primera magnitud de que existen en nuestro país exponentes tangibles de intelectualidad. Además, en sus regalos literarios conjuga el pensamiento incisivo con el verbo elocuente de un Garcilaso de nuestros días. Recientemente, ha publicado en un diario catalán su "Manifiesto para rehabilitar la realidad", un trabajo breve sobre la necesidad de un arte verdadero que no se escape de la realidad. Sin embargo, el autor no es partidario de un arte realista, "no se trata dice él de someterse pasivamente a una realidad monótona, aburrida y abrumadora, sino de crear en ella una posibilidad inédita". Marina no habla de copiar la realidad sino de transfigurarla. Según sus palabras, el artista de la última etapa del siglo pasado cifró su libertad en algo equivocado. Para liberarse necesitó desvinculare de todo y de devaluar todo. Pensó que reconocer cualquier valor es una esclavitud. Prescindió de la realidad, de las técnicas, de los criterios estéticos, del compromiso de la voluntad e incluso del valor de la obra de arte. Se entregó en brazos de la espontaneidad, disfrutó de los happenings y se embriagó con las posibilidades del action painting. "Hemos llegado al limbo de las equivalencias, al jolgorio del todo vale, al aburrimiento como experiencia estética. La paloma de Kant pensaba que sin la oposición del aire volaría con más soltura. Ingenua creencia: lo que obstaculiza el vuelo es lo que a la vez lo hace posible. Así también es el arte". |