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A finales del XIX las drogas sobrepasaron los límites ancestrales para convertirse en la enfermedad (no contagiosa, según se mire) más peligrosa de nuestro tiempo. Durante el siglo XX se produjeron muchos cambios en las formas y tipos de consumo. En los 50, asociadas a movimientos contraculturales y selectos (artistas, pintores, músicos). En los 60, el LSD. En los 70, ácidos y heroína. En los 80 y 90, el aumento del nivel de vida y los precios más asequibles, por ejemplo, de las nuevas drogas de diseño, acercaron a la juventud a una gran variedad de productos con distintos efectos, según moda o elección. |
Estimulantes, Cocaína, Diseño... Provocan aumento de la actividad general, no hay sueño, se encuentran eufóricos y exaltados. ¡Hombre!, justo lo que necesita un rockero (por ejemplo), con 20 conciertos en un mes: hoy en Málaga, mañana en Ferrol, y un ritmo de vida agotador e imposible de sobrellevar sin ayuda. Dos horas saltando, cantando, tocando, y siempre animando al público, siempre con ganas, siempre cañero... ¿Quién puede hacer eso?, ¿cuántas vidas va a costar esa rutina salvaje, impuesta... ¿por quién?... ¿las discográficas?... ¿el público?... ¿las propias bandas?
Depresoras, con la Heroína (derivado de la Morfina) como abanderada. Inhiben el funcionamiento del sistema nervioso. Generan apatía, dejadez, pasotismo, además de crear dependencia desde la primera toma... ¡Ahí la tenemos!, perfecta para quitarnos por sobredosis a grandes autores de maravillosa sensibilidad, demasiada presión y aguante limitado, por lo difícil, como la magnífica Janis Joplin, el añorado Antonio G. Flores o mi admiradísimo Enrique Urquijo... Incluimos en este grupo los porros, extendidos y menospreciados en sus efectos. Aquí se olvida fácilmente que es un alucinógeno y como tal puede llegar a producir importantes alteraciones psíquicas, y... como me ponga a nombrar gente que los consume, me quedo sin página. NOTA: Es preciso tener claro que no hay drogas duras ni blandas, eso es muy periodístico pero no es sanitariamente correcto. Solo hay unas, con una mayor capacidad adictiva que otras, unas capaces de producir un deterioro personal y social, mayor o menor. Psicodélicas, el LSD. Muy peligrosas, alucinaciones, pánico extremo y visiones siniestras que pueden conducir a sus consumidores a la pérdida, voluntariamente inconsciente, de su vida. Los mismos Beatles confesaron haber compuesto bajo sus efectos. |