Lo pasó mal cuando nada más llegar al Real Madrid tuvo que hacer cama unos meses debido a una lesión de caballo. Estuvo en un tris de volverse a su Brasil natal. Por su mente pasaron el Corcovado, las charangas del carnaval y el sol suavesito de un Atlántico que llega ardiente a las costas de Río. Sin embargo, ahora habla de Madrid no con la distancia del turista accidental o del visitador de temporada sino con lumbre, con risas y con un marcado acento que, aunque lejos todavía de parecerse a un chulapo de las Vistillas, está suavizando a golpe de trato asiduo con nuestra gente.
Savio ha metido algo de samba al Madrid, a un Real Madrid que no le sale ni el chotis, ni los corners, ni el cambio de entrenador. Es cariñoso con los chavales que llevan tres horas esperando el final del entrenamiento para conseguir una foto firmada. Muchos jugadores se marchan de la Ciudad Deportiva sin apenas un guiño o un saludete barato, en cambio Savio se toma su tiempo y les escribe "con afecto..." "con mucho cariño...". Se ha traído de Brasil a todos: a la mujer, al hijo, a la abuela, a la cuñada... Habla de Dios sin la cantinela enfática del predicador aburrido, sino como si fuera un miembro más de su familia. Cuando le preguntas por las expectativas del Real Madrid para este año te dice: "¿Hace buen tiempo, verdad?". |