Mamá… ¡al cole!
En España hay un millón de personas que no saben leer ni escribir, y en 1989
— cifras que siguen teniendo el mismo valor diez años después —,
en la Comunidad de Madrid de 60 a 80 mil ciudadanos eran analfabetos;
de 600 a 900 mil analfabetos funcionales (personas que fueron a la escuela primaria
pero nunca terminaron, o nunca usaron lo aprendido). Dentro de los servicios
que ofrece Cáritas en la integración de la mujer en la sociedad, ofrece las
Aulas de cultura, para la educación permanente de hombres y mujeres.

En 1997, Cáritas invirtió 11.299.000 pesetas en formación de adultos. Se realizaron 35 proyectos, de los que se beneficiaron 2.495 personas, la mayoría mujeres. Se crearon 8 equipos de trabajo y colaboraron 470 voluntarios. En el marco de formación se quiere llegar a tres áreas: la formativa; la de talleres y la recreativa, pero cada aula se forma en cada barrio o pueblo teniendo en cuenta las necesidades, por lo que entre aula y aula suele haber muchas diferencias.

Hemos hablado con Mari Patxi Ayerra, animadora de las Aulas de Cultura: "En las Aulas —nos explica— se reúnen personas para crecer, no para entretenerse. Actualmente acuden, en Madrid, más de tres mil personas. Los talleres son formativos y recreativos y se cuidan tanto los afectos como la tareas. Ofrecen todo tipo de actividades: comunicación, teatro, manualidades, gimnasia, teatro, alfabetización, aerobic, yoga, coral… Lo que se pretende en el aula de cultura es provocar el crecimiento de las personas, que tomen contacto con su barrio, y que participen de su propia historia".

Las aulas de cultura nacieron alrededor de la parroquia promovidas por Cáritas. La mayoría de las personas que acuden suelen tener entre cuarenta y sesenta años, y en su mayoría son mujeres. "Ahora empiezan a venir algunos hombres —afirma Mari Patxi—, pero siguen siendo casi todas mujeres. La mujer siempre tiene ganas de seguir aprendiendo, el hombre se conforma con menos, nosotras siempre nos sentimos inacabadas, pero los hombres de esa edad ya se sienten sin necesidad de aprender, y difícilmente se apuntan a cursos. Son, en general, madres, cuyo nido se ha quedado vacío, que quieren seguir creciendo. Muchas de las mujeres que acuden son analfabetas, aunque no quieren reconcerlo, y afirman "se me han olvidado las gafas", en vez de decir que no saben leer. Allí les ayudamos. Uno de los problemas que encuentran es que son mujeres que han dado de todo a sus hijos, les han dado lo que ellas no recibieron. Luego los hijos se sienten superiores a sus padres, y las madres tienen complejo de inferioridad. Los hijos les dan malas contestaciones, les dicen : "Tú no entiendes de esto", y ellas sufren".

"El símbolo que nosotras utilizamos —continúa Mari Patxies un tren. Cada aula es un vagón pero a cada participante se le ofrece el movimiento total del tren: se ofrece el desarrollo total de la persona, porque queremos que cada mujer no sólo crezca en la especialidad del aula (manualidades, gimnasia…) sino que crezca totalmente. Por eso se ofrecen charlas, conferencias… Todas las mujeres, además, crecen en personalidad. Las animadoras nos formamos haciendo cursos en la escuela de Cáritas; nos llamamos la cochera: porque intentamos mover todos los vagones. Hacemos un aula piloto: es una representación de cómo sería el aula ideal: con imaginación, cultura viva y participación y comunicación: para que lo vean e intenten llevarlo después a la práctica en sus aula".

Las aulas publican una revista: El baúl, con temas de actualidad. "Se cuida mucho lo lúdico —explica Mari Patxi-, porque el aula no es una clase sino un lugar de animación: por ejemplo, el año pasado en Carnaval nos disfrazamos. Son mujeres que igual han disfrazado muchas veces a sus hijos, pero ellas nunca lo han hecho, y les hace muchísima ilusión".n

Valvanera Zuasti