Número 12, Febrero 2000
Todavía no salgo de mi asombro. Que un líder espiritual tenga que escaparse de su patria a hurtadillas huyendo de la presión comunista, me parece de una bárbara irracionalidad. Me refiero al caso del joven Karmapa Lama. Si el partido comunista chino no respeta la libertad religiosa, que afecta a la médula de la dignidad humana, ¿cómo va a respetar las demás libertades? Los monjes del monasterio de Tsurphu están vigilados de cerca por comisarios políticos comunistas, están siendo obligados a asistir a sesiones de patriotismo, en el palacio de los Dalai Lama hay decenas de cámaras de vídeo colocadas por la policía para prevenir cualquier intento de rebelión de los monjes... Creemos que los tiempos de Mao Zedong han pasado, y no es así.

Natalia Figueras

Creo que fue Juan Manuel de Prada el que hizo recientemente un elogio increíble de la figura del Papa Juan Pablo II, diciendo que es un anciano admirable, ya que se cree lo que dice y que no le paran ni sus enfermedades ni su vejez. Ahora que muchos opinan que debería dejar el cargo, creo que es conveniente resaltar que mientras el común de los mortales piensa en hacerse planes de jubilación y realizar proyectos para el tiempo del retiro, como pescar truchas o leer las novelas que siempre están a la espera, este anciano de 80 años sólo piensa en proponer lo que cree en los cuatro rincones del globo. Es, cuando menos, admirable el afán de este ser humano que quiere morir con las botas puestas.

Enrique Montoya

Pocos son los espacios de libertad que quedan en los medios de comunicación de nuestro país. Lo digo por el último y estupendo libro de Jesús Cacho, El negocio de la libertad, en el que analiza con detalle los inicios y avatares del superpoderoso grupo Prisa, a cuyo frente se encuentra Don Jesús del Gran Poder. Pero no menos agobiante es la réplica del partido en el poder, dando a Telefónica la oportunidad de la revancha con otro emporio de comunicación de similares características, (Onda Cero, Antena 3, Grupo Recoletos). Cada vez son menos las empresas de comunicación que no sirven a ideologías políticas y... necesitamos respirar.

Mariano Ferreiro Ramos

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