Número 12, Febrero 2000
Cuatrocientos años del
nacimiento de un genio

Toda una vida

Me gusta pasear con el alma por las calles de Madrid. A pesar de haber pasado tanto tiempo, no han cambiado tanto las cosas... Disculpen, mi nombre es Pedro Calderón de la Barca, mi espíritu ha estado tan ligado a esta ciudad que no la he abandonado jamás desde hace 400 años ¡Cómo pasa el tiempo!

Como les decía, y aunque se crean que por entrar en el 2000 forman parte de una avanzada civilización, las cosas no han cambiado tanto. Ustedes no saben en exceso de mi vida, porque desde joven guardé mi intimidad como un tesoro ¡Qué gracia me hace verme retratado como un serio hombre con un libro bajo el brazo! (¡A mi amigo Lope le representan más pícaro y mundano!).

Nací el 17 de enero de 1600, he visto otras fechas y otras localidades (como un pequeño pueblo de Santander) en estudios muy serios para situar mi nacimiento.

Mi infancia me marcó como a cualquiera (¿No dicen ustedes esto en sus ciencias psicológicas?) Pero sí que es cierto que estuve muy unido a mis hermanos. Mi madre murió cuando tenía 10 años y mi padre fue un hombre autoritario que, a pesar de tener una excelente situación económica (fue alto cargo del Consejo de la Contaduría Mayor de Hacienda de la Corte de Felipe IV), nos dejó un estricto testamento en el que no exigía demasiadas cosas para nuestra juventud, para poder cobrar la herencia. ¡Qué penurias monetarias pasamos! Gracias a Dios fuimos saliendo de todas.

Por el hecho de nacer, adquirí grandes responsabilidades. Mi abuela materna me dejó buena fortuna a cambio de que dedicara mi vida a la vocación religiosa. Gracias a ello, estudié en las mejores universidades: Salamanca y Alcalá. Como me decía el bueno de Lope "Pedro, tú si que eres un hombre de libros" y es que todo lo que sabía él (que era mucho), fue gracias a su experiencia y a su gran inteligencia. Pero Dios no me llamó en mi juventud por el camino religioso. Me dotó de capacidad para escribir, y así lo hice. Escribiendo y viendo representado mi teatro me sentía cerca del mundo, de la situación política (delicada por cierto), social y de la monarquía de España.

Sin embargo, mi juventud fue como la de todos los jóvenes. No fui ratón de biblioteca. Todavía recuerdo la noche en que mi hermano Diego fue herido por Pedro Villegas, dramaturgo. En la persecución nos refugiamos en el Convento de las Trinitarias (donde estaba la hija de Lope) y el revuelo fue tremendo. Por aquellos entonces, ya contaba con el favor Real, y el incidente quedó en nada. También fui excomulgado por no pagar mi pensión a un convento de Salamanca... ¡Qué aventuras! (Por eso me hace gracia verme tan serio y rígido en vuestros retratos).

Mi época como dramaturgo real fue preciosa. Dirigí las representaciones que se llevaban a cabo en el nuevo Palacio del Retiro ¡Qué maravilla! También escribí muchas de las obras para los acontecimientos de los monarcas. Pasamos muchas tardes Hidalgo, un célebre compositor, y yo confeccionando como artesanos espectáculos para estos acontecimientos. La mayoría de ellos se han perdido en su conjunto, una pena.

Sin embargo, nada me producía más placer que llenar los corrales de comedias de la capital. El pueblo llano madrileño era muy exigente, ya que poseía grandes conocimientos de teatro. Sus vidas giraban en torno a los estrenos, a los actores...

Mi verdadera vocación religiosa surgió cuando ya era mayor. Mantuve amores que no amoríos, con una bella dama (de la que nunca dije su identidad). Tuvimos un hijo, sin estar casados. Por desgracia ella murió y a los pocos años mi hijo también.Ya no tenía ganas de seguir viviendo aventuras y decidí ordenarme sacerdote de la orden Tercera de San Francisco. Dios me llamaba por su camino. Quise dejar la pluma, pero no me lo permitieron. Me encargaban los autos sacramentales del Corpus madrileño. Me mandaron a Toledo, y a pesar de estar bien allí y gustarme mucho esta ciudad, añoraba tremendamente Madrid... sus calles, su vida, su gente...¡Igual que ahora, año 2000!

Dramas Filosóficos

La vida es sueño
En ellos Calderón hace unas reflexiones filosóficas que nada tienen que envidiar de tratados de filosofía de la época (El discurso del método de Descartes, por ejemplo). No olvidemos que ha diferencia de Lope de Vega, que todo lo aprendió de un modo autodidacta, Calderón tuvo una elevada formación.

Dramas Históricos

El sitio de Breda
Calderón
reflejó perfectamente la situación política y social de la España de su época a través de sus textos. Como en el caso de la obra que hemos citado, se inspiró en hechos recientes de la historia.

Dramas de honor y Comedias de capa y espada

El médico de su honra
La dama duende

En estos como en las Comedias costumbristas, rebela situaciones y preocupaciones habituales del pueblo. La preocupación por el honor, los duelos por ofensas, las costumbres de la España de aquella época...Calderón se mueve ágilmente en estos temas lo que demuestra que lejos está la realidad de su vida de la primitiva de idea de que fue simplemente un sabio erudito que no salió de sus libros o de su congregación religiosa.

 Teatro menor

Calderón escribió múltiples loas, sainetes, entremeses, mojigangas, bailes... que se representaban entre acto y acto de grandes obras o como entretenimientos breves en fiestas y reuniones sociales.

Autos Sacramentales

El gran teatro del mundo
La cena de Baltasar
Este género es por el que Calderón es más conocido, no porque la calidad de sus otros géneros sea inferior, si no porque en el Auto Sacramental fue el máximo exponente.