Número 15, Mayo 2000
El Libro del Mes
Dreyer
José Andrés Dulce
Editorial Nickel Odeon

"Supongo que todos hemos pasado por esa experiencia: no se sabe por qué pero algo ocurre en la atmósfera y de pronto zas, se te taponan los oídos; normalmente en un avión antes de aterrizar o subiendo en el ascensor de la Sears Tower de Chicago, o bajando el Pajares en coche. Bueno, pues algo similar pasa con Ordet. Ignoro qué sucede dentro de sus imágenes, pero, bum, también cambia la atmósfera mientras la (ad)miras, y se te tapona el alma, y, en fin, tu percepción es distinta". Así de explícito se muestra José Luis Garci cuando habla de la obra cumbre de la historia del cine, Ordet de Dreyer. El mismo Garci ha dicho de su autor que en una orilla está él y en la otra el resto de los creadores.

Dreyer es una pieza mayúscula del joven periodista riojano José Andrés Dulce. Ha estado un porrón de años recopilando datos para esta inmensa partitura escrita con una inmejorable caligrafía, ha revisado fuentes y se nota que ha mirado una y otra vez las obras de Dreyer. Le ha salido un ensayo completísimo en el que desgrana cada centímetro cuadrado del corpus fílmico del danés. Dulce no ha sido original en su exposición, ya que sigue una correcta linealidad desde los primeros trabajos cinematográficos hasta Gertrud, sin embargo nos descubre el alma del cineasta que puso todo su empeño en mostrar el rostro del hombre.

Cuántas veces hemos caído hechizados por persecuciones a lo French Connection, Ronin, Terminator II... y hemos creído que hay más pólvora en esas escenas que en las miradas del hombre. Gracias a las películas de Dreyer hemos aprendido a adivinar el misterio del ser humano a través de la geografía de su rostro. Él mismo quería alejar el cine de sus progenitores, la fotografía y el teatro. Con relación al teatro insinuaba que hay más drama en un primer plano de una película que en una escena dramática llevada a las tablas, ya que aquí el espectador se sitúa lejos del rostro, lugar donde ocurre la verdadera historia.

Sólo por Ordet, Deyer hubiera sido el maestro del cine. El secreto de esta película está en mostrarnos un hecho sobrenatural, la resurrección de una mujer, sin grandes alharacas ni solemnidades, sino con una primordial sencillez. Es la fe viva de una niña la que pide a Dios un milagro con toda inocencia, en cambio al pastor, que sabe de ciencias teológicas, jamás se le hubiera ocurrido un atrevimiento tan disparatado. ?

Son 500 páginas, algunas incómodas y otras apasionantes, como la misma vida de un artista.