Número 15, mayo 2000
Opinión
Jesús Cacho : "El negocio de la libertad". Ed. Foca Investigación

Rafael Arias Salgado iba para ministro de Defensa. González se asustó, le vinieron los siete males y llamó al Rey, también a Suárez y les alertó de la posibilidad de que los papeles del CESID salieran a la luz, venteando impunemente el pasado maléfico de los GAL. El primer gobierno de Aznar empezaba con una saeta fúnebre que pendía del nuevo panorama político. Para impedir terremotos no deseados se llegó a lo que los medios denominaron el "pacto de investidura", por el que se nombraba a Eduardo Serra Ministro de Defensa (hombre de confianza del régimen felipista) y se levantaba un muro de acero entre el pasado inmediato y el futuro inmediato. Ya lo dijo Aznar: "no voy a perseguir a nadie desde el Gobierno. La época de los escándalos no volverá". Así, Serrá presentó en el primer Consejo de Ministros un anteproyecto de Ley de Secretos Oficiales que preveía que tales secretos permanecieran bajo siete llaves durante medio siglo.

Éste es uno de los huesos duros de roer que se transforma en azucarillo en manos de Jesús Cacho en El negocio de la libertad. Decir que es un periodista de raza no tiene ni prestigio ni sentido hoy día. Ese calificativo se dedica a los señores periodistas que pasan de las 7 decenas y están para sopitas calientes. Sin embargo, Cacho es un investigador nato que le echa todo el valor del mundo en lo que cuenta, jugándose anónimos y pinchazos de teléfonos. Sólo para sacar este libro tuvo que pelear con leviathanes editoriales como Plaza y Janés, que le impidió publicar su obra a menos que mutilara el 50% de los textos, ya que no se querían enfrentamientos con la Casa Real, con Polanco, con el PSOE…

Una obra valiente que mete los dedos en la boca de los últimos cuatro años de nuestra historia, diseccionando y removiendo episodios de los que el lector de periódicos tiene un barrunto mediocre. Gracias Cacho.n

Isabel García

Henry James: "El americano". Editorial Alba

Cuando Henry James escribió El Americano (1876-7) estaba instaurando, quizá sin saberlo, uno de los prototipos más recurrentes de la literatura norteamericana posterior; el del yanki en Europa (más concretamente, en París) con toda su parafernalia de cultural shock, de sed de arte e historia, y de ingenuidad velada como instrumento para la crítica del enmohecimiento de las costumbres de la vetusta Europa. Christopher Newman es, en el más estricto sentido de la palabra, un "hombre nuevo" que mira con ojos distintos un continente al que llega cargado de prejuicios culturales, hacendado americano cansado de ganar dinero que decide conocer Europa sin reparar en gastos, y que se ve inmiscuido en una historia de amor con una parisina que le descubre los entresijos más polvorientos de las esclavitudes sociales de la aristocracia.

Aun siendo una de las primeras novelas de James tiene ya todo lo que en justicia le ha valido su reconocimiento internacional, en primer lugar porque muchos de los episodios que aquí se narran pertenecen a la personal experiencia del escritor, que llegó a Inglaterra proveniente de una enriquecida familia neoyorquina, y por otra parte, porque ya hace gala de su prodigiosa capacidad de indagar conciencias y su maestría para el diálogo que consigue que sus novelas se lean todavía hoy, a pesar de que haya envejecido parte de su temática, con deleite.n

Andrés Barba