Francoise Legrand, pintor de lo escondido Se nota que es francés por la manera de liar los cigarrillos, por sus pausas y cadencias, por sus enigmáticas sonrisas, por su pasión por el queso y el buen vino. Vive en Madrid, en una de las zonas más privilegiadas de la capital, cerca de los Jerónimos (por supuesto que el cubo de Moneo no ha salido en nuestro rato de charla, vale ya de tanta historia). Desde su inmensa terraza se ve esa colección de tejados maravillosos a los que Sabina canta, con sus gatos y antenas, cúpulas barrocas y pizarras quebradas. Habla un español de pata coja, pero se le entiende todo por el movimiento de las manos.
Últimamente le da por lo figurativo, huye de lo abstracto como de la peste. Es tan bueno que hasta la princesa Carolina de Mónaco le ha pedido unos retratos de sus hijos, pero él no lo pregona a los cuatros vientos. No va con los cánones de los contemporáneos, que si Saura, que si Tàpies, y eso por hablar de los consagrados. "Cada uno busca su manera de expresarse, su camino, yo empecé con la abstracción y la vida me ha ido conduciendo a transmitir la fuerza que llevo dentro a través de la figuración. En cada trazo que pinto siempre busco el fondo del hombre, la verdad sobre el hombre. Quizá soy más figurativo porque el lenguaje es más universal". Legrand no cree en el progreso del arte, no es menos moderno Velázquez por vivir en el XVII y ajustarse a una norma recibida que Pollock y sus ready makes. "A la pintura contemporánea le falta el hombre. La pintura conceptual es una pintura deshuesada, sin sangre. El hiperrealismo tampoco me convence, me parece muy materialista. Yo respeto a los pintores conceptuales pero no hablamos el mismo idioma, ellos tienen que poner un papelito delante de los cuadros para explicar lo que han hecho, eso me parece una barbaridad, ya que el espectador es el último que pone la mano en el cuadro, es el último creador y tiene que percibir directamente lo que transmite el maestro". |
Para pintar hay que sudar, a uno no le viene la inspiración así de repente, "si estás esperando en tu silla a que venga la inspiración nunca aparecerá, hace falta trabajo y técnica. Ahora bien, una vez que te imaginas el cuadro que quieres hacer, lo más sencillo es llevarlo al lienzo, por eso es tan importante la seguridad de la técnica, y eso es lo que pretendo enseñar a mis alumnos". "¿Qué es lo que más te conmueve como artista?". "La fuerza de la luz, un paisaje, el reflejo de la mañana en una botella... A mí me dejó una huella enorme la relación con un pintor que era muy especial, un místico, un hombre extraordinario, me ha influido mucho y me ha dado mucha fuerza para iniciarme en esto. Además, me dio mucho más que clases de pintura, me hablaba de filosofía, siempre terminábamos con Platón, Aristóteles... Yo tenía 18 años y era como un padre para mí. Ahora no hay escuelas buenas de pintura".
Dice que los pintores viven como todos los hombres, pero su trabajo es excepcional, "es como la vida de un sacerdote que siempre tiene la trascendencia cerca. Dios está detrás de todo. El ser humano busca siempre la trascendencia, no es una cosa propia del artista sino de todo hombre". "¿Quién es el artista del que siempre tenemos que aprender?". "Bueno, La ronda de noche de Rembrandt es una obra impresionante, habla por sí misma. Cuando tenía 17 años iba regularmente al museo para hablar con el cuadro, como si fuera un amigo, mi abuelo. La pintura española me ha influido mucho, Velázquez.... Picasso es excepcional, un genio, aunque los pintores que lo conocían estaban muy enfadados con él. Cuando llegaba a sus casas tenían que recoger todas sus obras porque raptaba ideas de cada uno. De todas formas también hay muchas bromas en Picasso". Le da pena que hoy sólo interese el cine, Miguel Ángel fue el Roberto Blanco |