Número 17, noviembre 2000
Rómpete una pierna
Esto no es teatro

Dentro del Festival de Otoño hay mucha oferta fuera de los grandes de Teatros. Resulta muy gratificante asistir a espectáculos que se salen notoriamente del teatro. Este es el caso de las actuaciones que realizan los Narradores Orales Escénicos. Por medio de historias narradas desde ellos mismos nos introducen en maravillosos mundos, excelentes reflexiones y grandes aventuras alejadas de la rutina diaria. Es diferente. Desde que el genial Francisco Garzón Céspedes comenzó su andadura por el mundo de la oralidad, ha formado a magníficos narradores, los cuales sienten en su interior un antes y un después al conocer la fuerza de la expresión oral, y que a su vez hacen las delicias de aquellos que les escuchan.

Tras conocerles por sus contadas o en los talleres que imparten, uno siente que sale un poquito mejor persona de lo que era.

Cuenta la leyenda que el rey de Epidauro de la Grecia clásica, decretó que el futuro marido de su bella hija sería aquel joven capaz de crear una hermosa obra, sin importar sus orígenes familiares. Cientos de artistas se pusieron a trabajar: compositores de música, escultores, arquitectos... El rey dedicó 56 mañanas y 60 noches a contemplar los resultados. Las más tiernas melodías, los mejores poemas, palacios dignos de cuento, decenas de calzadas, barcos para descubrir lejanas tierras...Un buen día el rey visitó un magnífico teatro. Hombre de gran sensibilidad, imaginó lo maravilloso que sería para su pueblo disponer de semejante lugar para asisstir a las representaciones de las Tragedias griegas. No le cupo duda. El joven arquitecto era el ganador. Sin embargo uno de los de su corte le recordó que aún quedaba por visitar una última obra. Un puente que comunicaba tres pueblos y que facilitaba enormement el tránsito para el comercio. El rey quedó asombrado con aquella construcción que además suponía un gran avance para la civilización. Sí, este joven sería el ganador. Volvió al teatro a pesar de su decisión, y allí se quedó varios minutos contemplándolo de nuevo, Escuchó un llanto muy cercano. Miró a su alredeor y no vio a nadie llorar. El llanto continuaba e iba aumentando progresivamente. Se le partía el alma aunque no encontraba a tan desdichada persona. Uno de sus acompañantes le explicó :"No majestad, el que llora es el arquitecto. Está allí en el otro extremo del teatro ¿Ve aquel punto negro?El rey se quedó perplejo "¿Y le oimos como si estuviera aquï?" El rey imaginó las representaciones en un teatro con semejante acústica . Esta obra superaba a cualquier puente, barco, palacio o acueducto. El maestro del sonido se casó con la princesa y hoy tenemos en Epidauro una de las mejores acústicas para teatro.