Número 17, noviembre 2000

De ellos se oye decir frases como: "Cuando los conoces no puedes dejar de reír", o "qué bien me lo pasé haciendo esa película", o también "son raros, raros, raros", y "son geniales"... ¿Qué quiénes son...? Pues por supuesto, no podían ser otros: Son los cínicos y venenosos hermanos Coen, representantes del cine más corrosivo, ácido y punzante allende los mares. Sus películas están marcadas con un sello característico que las distinguen del resto. Pueden gustar u horrorizar, pero lo que, desde luego, siempre ocurre con ellas es, que no dejan indiferentes al espectador, quién se ve sumergido en un intrincado mundo lleno de imágenes e iconos surrealistas. Pero ¿quiénes son realmente los Coen? ¿Cuál es el secreto de su éxito?¿ Existe de verdad una "marca" Coen?

Humor e ironía a raudales. Esas, junto con un rico mundo intelectual y cultural, podrían ser las señas de identidad de Joel y Ethan Coen. Nacidos en las heladas tierras de Minneápolis (Minnesota) en la década de los cincuenta, sus padres -profesores ambos- supieron inculcar a sus retoñitos, el afán por la cultura y el saber. Y bien pronto lo demostraron... teatro, música, cine, arte... Éstas fueron las distintas disciplinas entre las que crecieron , y éstas, las que desarrollaron su personal gusto artístico.

Joel fue el primero en acercarse de forma profesional al mundo del celuloide. Marchó a Nueva York a estudiar cine en el Institute of Film and Television. Mientras tanto, Ethan, el más pequeño de los hermanos, se dedicaba a culturizar su mente estudiando Filosofía en la Universidad de Princenton. Pero poco tiempo tardó Joel en animar a su colateral a encaminarse a ese mundo de la creatividad. Y es que no podía ser de otra forma. Los hermanos, no podían estar el uno sin el otro. De modo que se pusieron manos a la obra y comenzaron a escribir y a rodar. Ethan se convirtió en el "del dinero", y Joel en el "de las imágenes". Todo perfecto, listo y preparado para el despegue. Sólo quedaba que a la crítica, y sobre todo al público, les gustase su singular universo iconográfico.

Con "Sangre fácil", (1981), su primera cinta, no lo tuvieron nada "fácil", valga la redundancia. La película contaba una historia de traición y venganza en un estilo inclasificable e imposible. Se trataba de una reinvención del cine negro americano, en un inhóspito Texas, salpicado de ciertos toques de un humor, también negro. Se empezaba ya a perfilar el primero los característicos toques a "lo Coen": la reinterpretación de los clásicos. Crearon de esta forma, un género propio que les iba a representar desde entonces. Su siguiente película, "Arizona Baby" (1987), supuso un giro de 160º. A modo de alocado sainete a lo Preston Sturges, los Coen se alejaban del cine negro adentrándose en otro género, el de la comedia. Nicholas Cage y una jovencísima Holly Hunter, daban vida a una pareja estéril que rapta el bebé de unos extravagantes millonarios. Segundo de los toques coenianos: "renovarse o morir". Y llegó su tercer largometraje, "Muerte entre las flores" (1990), película que les supuso no sólo el espaldarazo de toda la crítica mundial, sino también, la fidelización de numerosos seguidores que verían en ellos el renacimiento de un clasicismo modernista, tercer "toquecoen" (inventarse palabras cuando uno habla de los Coen no tiene la menor importancia). Con "Barton Fink" (1991) y "El gran salto" (1994) no hicieron más que reafirmarse como creadores de un nuevo lenguaje visual, cargado de continuas referencias a la vida y a la cultura americana. Dos años más tarde, en 1996, presentaban su sexto largometraje, "Fargo", para muchos la mejor película del dúo, y sin dudarlo, uno de los mejores frutos de la cosecha del 96. Los personajes surrealistas y las situaciones mordaces se repetían al igual que en las anteriores películas. El idioma coen ya estaba, por aquel entonces, estandarizado y hasta popularizado. "El gran Lebowski" (1998) fue una vuelta de tuerca más. De alguna forma llevaron las premisas de Fargo hasta el máximo punto de la hilaridad y el excentricismo: ricachones que contratan a torpes delincuentes, secuestros, policías... Quizá sea ésta la más onírica de toda su filmografía, otro toque Coen. Y por fin entramos en el 2000, año en el que nos presentan su nueva versión sobre la Odisea, "O´Brother", y compendio de todo su universo fílmico: clasicismo, contemporaneidad, reinvención de géneros, personajes extremos, mezcla de estilos, y esa caricia de genial intelectualidad.

 Eva Latonda