Número 17, noviembre 2000
El Libro del Mes

El legado del cristianismo en la cultura occidental
César Vidal
Editorial Espasa Calpe

César Vidal tiene cara de poner chinchetas en el asiento a su compañero de pupitre y de ir siempre con mercromina en las heridas de la rodilla, sin embargo es un pez gordo del pensamiento actual. El legado del cristianismo en la cultura occidental es una obra de acentos, acentos en realidades no por poco comentadas menos reales. Poco sabemos sobre las aportaciones cruciales del cristianismo a la configuración de nuestra cultura, ya que tenemos un prejuicio que siempre acude a nuestra mente cuando invocamos el nombre de modernidad: ha sido la Ilustración la que, tras robar el fuego de los dioses, ha traído los adelantos, la definitiva civilización, el verdadero rostro del hombre, con sus derechos, deberes y conciencia de ciudadano. A la mujer le llegó su plena dignidad tras la barbarie de las oscuras etapas y la razón ha salido por fin del secuestro después de tanto tiempo de ayuno en las mazmorras medievales. César Vidal sólo porta el ariete de los datos históricos para enfilar este falso convencionalismo.

Al etnicismo nacionalista, el cristianismo opuso desde el principio el universalismo y la negación de la discriminación por cualquier razón personal (de hecho, por primera vez en la historia, una comunidad religiosa se convertía en totalmente universal). A la sumisión acrítica del poder, el cristianismo opuso una visión realista y crítica de éste sustentada sobre valores que consideraba superiores. El derecho romano estaba concebido en función de los varones libres. La cultura grecolatina era todo salvo benévola hacia las mujeres. En Atenas se permitía el infanticidio femenino, en Roma la niña se podía casar con 12 años. En cambio, cuando las mujeres se convertían al cristianismo contraían matrimonio a una edad mayor y tenían la posibilidad de escoger cónyuge. El éxito del cristianismo entre las mujeres se debía a la dignidad que les confería su nueva situación. La asistencia social fue una realidad evidente por el principio del amor al prójimo con una fuerza que hasta entonces no se conocía.

No menos interesantes son los capítulos dedicados a la Edad Media, la Reforma y el siglo XX. Lo bueno de esta obra es que se lee con avidez, su autor no tiene afán de tecnócrata sino de ilustrador y clarificador.