| José Antonio Marina Crónicas de la ultramodernidad Editorial Anagrama
Hay muchos periodistas de tres al cuarto que aprovechan su tirón de lectores para sacar periódicamente a la luz una colección de sus artículos publicados en prensa, eso siempre reporta beneficios. Es una cómoda y astuta costumbre de ganar dinero sin moverse por el prado creativo. El filósofo e intelectual de valía José Antonio Marina se ha escapado de esta tribu de endemoniados con unas crónicas que escribiera para la prensa, pero con la salvedad de haber sido concebidas para una lectura cronológica y sistemática, y cuyos textos han sido enriquecidos con una nueva redacción. Marina no está por engrosar las listas de los intelectuales posmodernos que se adscriben a un pensamiento débil, a un relativismo generalista, a una desconfianza absoluta en la razón, en la creencia de que los derechos humanos se deben a la cultura en la que nacen; por el contrario, es un enérgico defensor de que el hombre es una peculiar naturaleza que se aleja de la naturaleza, considera el relativismo un fenómeno reaccionario porque cuando todo es igualmente verdadero acaba por imponerse la fuerza como argumento más poderoso. Nos llama colaboracionistas a los que tanto criticamos lo mal que van las cosas. "Todos nos quejamos de cosas a las que estamos ayudando a existir: la mala televisión, los fracasos familiares, la sexualidad frívola, la superficialidad en los debates, los desánimos, la burla de la inocencia, las injustificables tolerancias, la desconfianza en la bondad, el elogio de la transgresión, el cántico de la incoherencia". Cómo él mismo dice, sus frases molestarán sin duda a los amantes del prêt-à-porter ideológico, que tan pronto hoy defienden una cosa y mañana su contraria. El libro de Marina es una colección unitaria de pensamientos que configuran lo que él denomina la ultramodernidad, una especie de respuesta a la mortecina posmodernidad e indiferencia de pensamiento que nos embarga. Isabel García |
| Son las doce, doctor Schweitzer Gilbert Cesbron Ediciones Encuentro
El escenario de esta obra de teatro es el recóndito Gabón. Allí se juntan cinco personajes, un médico, un sacerdote, una voluntaria, un militar y un hombre de Estado. Todos ellos son diferentes en su manera de afrontar la vida y los retos en un país inquietante que, con el ruido atronador de sus tam-tam, les fustiga incesantemente a sacar a la luz la verdad sobre sí mismos. Dicen los expertos que en el teatro todo se ve, las imperfecciones del autor, las superficialidades de los personajes, etc. En esta ocasión, Cesbrón nos da una lección de profundidad, de radiografía ejemplar de estas almas divididas. Son las doce... es un atractivo friso del género humano, en el que unos son partidarios de que la única alegría de vivir es la acción, otros encuentran esa alegría en una entrega incondicional a Dios y en el servicio al más necesitado, otros creerán en la gran autoridad del Estado como ámbito y fin de toda vida que se precie de digna. Los diálogos son de una espléndida profundidad y, en un contexto de guerra y destrucción, el autor nos alcanza con su alegato en favor de la vida como principio indivisible, "sólo tenemos en cuenta las personas o los principios lo bastante fuertes para que la guerra no los altere en nada. Usted está obsesionado por la destrucción que se prepara; yo por la reconstrucción que seguirá. Se hará sobre la base del respeto a la vida. Mantener, favorecer la vida, llevarla a su más alto valor: eso es el bien; destruir la vida, perjudicarla, someterla al sufrimiento: eso es el mal". IG |