Número 16, Octubre 2000
El Libro del Mes

Preferiría no hacerlo
Bartleby el escribiente de Herman Melville
Editorial Pre-Textos

Apenas cincuenta páginas de uno de los prodigios más sobresalientes de la literatura norteamericana. La obra acaba de salir editada en Pre-textos y acompañada de tres ensayos breves que diseccionan su contenido. La verdad es que estos ensayos son prescindibles. Una vez que uno ha metido el sedal de su caña en las sabrosas aguas de Melville todo comentario metaliterario queda cojo, insípido, redundante. A Melville no le hacen falta etiquetas ni explicaciones al margen, como sí a los cuadros abstractos, cuya aclaración resulta necesaria para sacarnos del mar de dudas de la confusión. En el maestro norteamericano los contornos literarios son diáfanos y su mensaje milimétrico y profundo.

"Preferiría no hacerlo" es la historia de un extraño escribiente que trabaja en un bufete de abogados de Wall Street para un jefe comprensivo y, a medida que vaya desgranándose la historia, increíblemente humano. Una mañana el jefe le sugiere que realice una copia de un trabajo urgente. Bartleby, que así se llama el escribiente, le responde: - Preferiría no hacerlo. Desde entonces a cualquier demanda que se le sugiera responderá con la misma frialdad: - Preferiría no hacerlo. El "preferiría no hacerlo" se convierte en un látigo recurrente para el dueño del bufete, que no escuchará otra cantinela más que el preferiría... de labios de su subalterno y, al tiempo, será ocasión para probar su humanidad. En nuestros tiempos de prisas, eficacias y andares de puntillas sobre el corazón de los trabajadores, si un asalariado se insubordina con su jefe tiene los días contados en la empresa. Sin embargo, la obra de Melville es un canto a las relaciones profundas, un combate abierto contra la maldita despreocupación por el hombre y una búsqueda incesante de corazones de carne.

El dueño del bufete descubría en Bartleby algo que no lograba desarmarle sino que le conmovía y desconcertaba, produciendo en su interior una conmoción de desamparo que le impedía echarlo a patadas. "Pobre hombre, pensaba, no tiene malas intenciones, sus rarezas son involuntarias. Si lo despido, lo más probable es que caiga en manos de un jefe menos indulgente, y que no se anden con consideraciones y lo dejen morir de hambre". Conforme pasaban los días llega a reconciliarse con él, con su mutismo absoluto... Pero el jefe tiene que luchar contra las mil y una tentaciones que le sobrevienen de despedir al inactivo e inadaptado de Bartleby. Sin embargo, cuando el resentimiento despertaba en él lo echaba lejos, "simplemente recordando el precepto divino: un nuevo mandamiento os doy, que os améis los unos a los otros. Sí esto fue lo que me salvó. Junto con otras consideraciones de orden superior, la caridad actúa a menudo como un principio enormemente sabio y prudente: toda una garantía para el que la posee".

Es todo un clásico que espera del ávido lector lecturas y relecturas.