Una mujer que, en Turín, queda seducida por un pintor de tres al cuarto y otra que escandaliza con sus gestos a cuantos se le acercan pueden convertirse bajo la pluma de Pavese en el hermoso paradigma literario de la pérdida de la inocencia adolescente y de la tragedia de la soledad antisocial. La pluma escueta, casi telegráfica de Pavese en otras ocasiones, se hace dulce para penetrar en el alma de una adolescente dubitativa, cargada de prejuicios y miedos, que sube a los áticos de los pintores con una percepción del arte y de la creación absolutamente ideal y ñoña y es arrastrada por la fuerza de la personalidad de Amelia, modelo artística profesional, con quien comenzará una amistad engañosa y llena de malentendidos en la que la primera despierta al mundo y la segunda se recupera de su desengaño y su hastío.