El agente H-21 acaba de llegar a Madrid después de haber conseguido hacerse enrolar en el servicio francés. Pide instrucciones y dinero".Este fue el radiotelegrama captado en la Torre Eiffel de París. Su origen: la embajada del Reich en Madrid; su destino: Gran Cuartel General alemán en Berlín. España no sufría la Gran Guerra, pero su privilegiada posición hacía que en las calles de la capital nos reuniéramos espías de medio mundo. Era más fácil tropezarse con un agente secreto que con un barquillero. Pocos eran los que trabajaban para un solo país, había mañanas en las que, mientras desayunabas en el Café Gijón, podías ver cómo un agente cambiaba de bando dependiendo de la portada del ABC. De entre todo el gremio de espías, H-21 es la única que ha pasado a la historia. Sencillamente porque era la mejor. Una mañana, de 1916, el capitán Leroux, jefe del contraespionaje francés, me informó del mensaje descifrado en París. Me encargó la localización del nuevo agente en Madrid. |
Los españoles seguían la guerra como si de una partida de ajedrez se tratara. Los aliadófilos y los germanófilos eran capaces de hablar durante horas sobre la mesa de cualquier café, para después aplaudir todos juntos el último espectáculo de Pastora Imperio.Durante los primeros días fui a la deriva por las tertulias de la capital. Había un tema que eclipsaba a cualquier guerra, no se hablaba de otra cosa: había llegado a Madrid la Mata-Hari convertida en una gran dama. Todos recordaban su debut en España como bailarina exótica en el music-hall Central-Kursaal de la plaza del Carmen en 1906 y en el castizo teatro Alhambra en la calle San Marcos, precedida por la fama obtenida un año antes con un gran éxito en la Sala Olimpia de París. La bailarina, de incontinencias escénicas, como decía la prensa de la época, se había instalado soberbiamente en el Hotel Ritz, y desde su llegada fue centro de atención de todo tipo de eventos de la alta sociedad. Y aunque mi amigo Ramón del Valle-Inclán insistiera en que la Mata-Hari era el animal más bello de la tierra, aquellos no dejaban de ser cotilleos de salón. No sospeché que la persona a la que yo buscaba estuviera tan cerca. En pocas semanas, un amigo de a 100 pesetas la información que trabajaba en el Banco de España, me dijo que la famosa Mata-Hari había retirado 25.000 pesetas procedentes de Francia. |
El capitán Leroux me confirmó que el dinero procedía de los aliados. Mata-Hari, cuyo nombre real era el de Margarita Gertrudis von Zelle, trabajaba para el servicio de información francés.No me fue muy difícil descubrir que, además de su lujosa habitación en el Ritz, también disponía de otra semejante en el cercano Hotel Palace, donde compartía noches con el agregado militar alemán Arnold von Kalle. Su técnica no era la discreción, simplemente cautivaba con cada uno de sus gestos... de sus movimientos... hacía del encanto su mejor arma. Según pasaba el tiempo, distintos compañeros aliados iban siendo fusilados por el ejército alemán. Definitivamente, H-21 era Mata-Hari, agente doble al servicio germano. Y aún así no pude resistir la tentación de ser presentado a ella en un baile en la calle de Alcalá. Su mirada era tan penetrante, que si se lo hubiera propuesto habría conseguido de mi cualquier información en ese mismo instante. La neutralidad española hacía imposible la detención de la bailarina-espía. El 11 de febrero de 1917 Mata-Hari sale inexplicablemente de Madrid con destino a Francia. La mitad de los servicios secretos de Europa siguieron meticulosamente aquel viaje suicida. Tres días después fue detenida en un hotel de París por el comisario Priollet. Jamás se supo qué obligó a H-21 a salir de España para pisar suelo francés. Unos dicen que traicionó a su último amante, un capitán ciego llamado Morrow; otros, que fue un diputado catalán con el que mantuvo relaciones; y en los cafés corría una historia que aseguraba que fue la cupletista Raquel Meller quien la denunció, celosa por la aventura que Mata-Hari tenía con su marido, el escritor Enrique Gómez Carrillo. Sólo sé que a pesar de tener en mi poder innumerables pruebas contra ella no fui capaz de denunciarla y acabar con una criatura tan singular. Mata-Hari había nacido el 7 de agosto de 1876 en la pequeña localidad holandesa de Leewarden. Tenía cuarenta y un años cuando fue juzgada en Consejo de Guerra cinco meses después de su detención. Durante el juicio, que duró un solo día, negó todos los cargos. Fue declarada culpable y ejecutada por un pelotón de fusilamiento mandado por el coronel Ladoux, en el amanecer del 15 de octubre de 1917, en los fosos del castillo de Vicennes. Han pasado más de quince años y no he podido olvidar la figura de aquella impresionante mujer paseando por las calles de Madrid. Ya estoy algo mayor para esta profesión y, sin embargo, esta misma tarde tengo la misión de convencer a Adolf Hitler de que el desembarco aliado no será en Normandía. Así es nuestro trabajo: uno como otro cualquiera. José Cabanach |