Número 22, abril 2001

NATURALISMO SELECTIVO




Entre las fiebres que nos invaden y que aceptamos sin reflexionar mucho en ello se encuentra, sin lugar a dudas, la del amor por lo natural. Los alimentos ideales son aquellos que han sido cultivados biológicamente - una frase extraña que resulta difícil de desentrañar - o que no contienen conservantes ni colorantes; las prendas más adecuadas son aquellas cuyo tejido también es natural y lo mismo podría aplicarse a las bebidas, los paisajes, las diversiones o el papel de oficina que, a ser posible, debe ser reciclable. La manía en sí no me parece ni bien ni mal. Hasta podría encontrarle su parte positiva. Lo que no termino de entender es por qué ese naturismo resulta tan selectivo y se detiene precisamente en zonas como la del control de la natalidad. Hasta donde yo sé ni las píldoras anticonceptivas, ni la RU-486, ni el Norplant, ni el DIU, y no digamos ya el aborto, son precisamente métodos naturales. De hecho, da la sensación de que con incomprensible pudor, el naturismo retrocede a la hora de pregonar sus más queridos postulados precisamente al llegar a las partes pudendas de la mujer. Quizá se trata de que en un empacho de productos naturales se ha llegado a la terrible conclusión de que la fertilidad es una enfermedad peligrosa que debe ser atajada recurriendo a los medios más drásticos incluidos los relacionados con la cirugía. Se podría objetar que estos medios son seguros como un zumo de zanahoria o que, al menos, no existen medios naturales para controlar la natalidad. Se podría objetar pero se mentiría. Lo cierto es que los efectos secundarios de estos métodos son preocupantes y van de la relación entre la píldora y el cáncer de mama o la trombosis cerebral por una parte a los riesgos de aborto o de pérdida definitiva de la fertilidad inherentes a la píldora del día después o al DIU. Igualmente, es innegable que un método como el Billings o de la ovulación permite controlar la natalidad sin más requisitos que el conocimiento del cuerpo humano y del ciclo de fertilidad de la mujer.

El problema - y no es pequeño - es que su adopción crearía no pocas dificultades de supervivencia a las multinacionales dedicadas a que el ser humano olvide el precepto bíblico de "crecer y multiplicarse". No digamos ya el perjuicio que ocasionaría a los movimientos políticos y sociales que han defendido esas posturas no tanto por el bien de las supuestamente defendidas como por el control que obtienen sobre sus mentes y cuerpos. Pero todo eso no es natural. A lo sumo, se trata de un naturismo selectivo. El mismo que puede sudar la camiseta para que las alcachofas se conserven como Dios las creó pero que no tiene el menor reparo en acabar con la más importante de las creaciones, la de la vida humana.

César Vidal