![]() La realidad cinematográfica, como cualquier otra manifestación artística, vierte sus opiniones sobre el mundo que le rodea. Además, por su poder de captación de masas, ha ejercido, ejerce y ejercerá una enorme influencia en la opinión pública y mentalidades dominantes. Recientes películas, realizadas por mujeres -Holly Smoke, Cadena de favores, Infiel, En qué piensan las mujeres-, llevan a pensar en la existencia de un cine por y para la mujer. Sin embargo, no parecen existir grandes diferencias en determinados temas, entre las cintas realizadas por uno u otro sexo. Se ha llegado a una cierta uniformidad de pensamiento que empapa al resto de la sociedad. Yo me pregunto, ¿dónde ha colocado a la mujer esta nueva uniformidad? Sin remontarnos a los comienzos de la industria -ya que daría para demasiadas páginas, y nunca hay suficiente espacio-, se podría establecer, muy a groso modo, varias tendencias en cuanto a la imagen que ha ofrecido el cine de la mujer: La femme fatale, de tantos films negros americanos y franceses, símbolos auténticos de la seducción y la traición que, como una mantis religiosa, destruyen a su amante. Hieráticas y frías esculturas de la belleza, Marlene Dietrich, Lauren Bacall, Rita Hayworth. Frente a estas, las damas, de frágil feminidad, deslumbradas ante la virilidad y a las que hay que proteger de todo peligro. Ante ellas, parece que la vida, simplemente, pasa. Es, Louis Platt en La diligencia, Julie Harris en Al este del edén, o Vera Miles en Centauros del desierto. Luego están las manipuladoras, esas a las que nadie entiende. Caprichosas, cínicas, egoístas. Anne Baxter en Eva al desnudo, Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó o Virginia Mayo en Los mejores años de nuestra vida. Pero cómo olvidarnos de las manipuladas, esas mujeres sencillas, bondadosas, inocentes, vilmente utilizadas. Como ejemplo, Shirley MacLaine en El Los objetos sexuales, la larga lista de mujeres-Bond bastaría de ejemplo pero, desgraciadamente, no es el único: Belle de jour, Nueve semanas y media... Las determinadas, esas mujeres emprendedoras, resueltas, independientes, fuertes. Entre ellas, y en clave de comedia, Katherine Hepburn en La fiera de mi niña, o más dramática, Greta Garbo en La reina Cristina de Suecia. ...Y así las cosas hasta hoy en día, en el que la lucha por nuestros derechos ha colocado a la mujer bajo otro prisma. Podemos encontrar casi todos los tipos citados arriba pero la visión es distinta. De esta forma siguen existiendo mujeres objeto que a su vez han hecho del hombre otro objeto (Holly Smoke). Las "damitas" se han convertido en unas auténticas lobas (Historia de una dama) y las manipuladas se han pasado al bando de las manipuladoras (Todo por un sueño). Las determinadas e independientes, parecen serlo tanto que se han quedado sin vida privada y familiar (American Beauty) y, aunque parezca contradictorio, todos echamos de menos el glamour y la elegancia de la femme fatale, hoy reducido al puro exhibicionismo (Showgirls). "Una de las principales deficiencias del feminismo histórico ha sido crear un modelo femenino que era una fotocopia del varón(...)olvidándose de la mujer real". Son palabras de la profesora y política noruega Janne Haaland Matlary. Y como el cine es reflejo de la sociedad, esto es lo que ha plasmado. Sin embargo, como no todo en la vida es totalmente negro o totalmente blanco -gracias a Dios- existen numerosas voces que han sabido colocar a la mujer en su sitio, cinematográficamente hablando: Beautifull girls, Pena de muerte, Erin Brokovich, Solas... Ser nosotras mismas. A lo largo de la historia muchos han sido los obstáculos que nos han impedido ser nosotras mismas: sometidas al segundo plano, intelectual, social y políticamente, despreciada nuestra dignidad, nuestros derechos, nuestras prerrogativas... Pero la "tiranía del hombre" ha sido sustituida por otra, no menos opresora, que curiosamente nos hemos impuesto nosotras mismas: la esclavitud de la belleza a toda costa y a cualquier precio, el reduccionismo del intento de ser una simple copia del hombre, obviando las lógicas y enriquecedoras diferencias varón-mujer, la agotadora guerra de sexos, el pacto silencioso ante la cosificación de nuestro cuerpo y nuestros sentimientos... Todo esto nos impide ser realmente nosotras mismas. Ahora más que nunca, la mujer tiene que reencontrar su identidad. Sólo si desarrollamos nuestras verdaderas facultades seremos realmente fuertes y enriqueceremos nuestra sociedad. No nos engañemos, el poder transformador de la mujer no está en la imitación de las cualidades masculinas, sino en la rehabilitación de nuestra feminidad, y no hay mayor signo de feminidad que el de la maternidad, entendida no sólo en sentido biológico, sino en un sentido más amplio: mujer-madre con su capacidad de sacrificio y de entrega, su poder de comunicación y comprensión, su sensibilidad y ternura, su misteriosa intuición y su habilidad de realizar varias tareas al mismo tiempo. ¿Qué empresa, institución o gobierno no querría contar con todas estas posibilidades? |