Número 22, abril 2001





LA VICTORIA DEL SOL

Tomás Alfaro Drake
Editorial Palabra

P
ARECE que con Jostein Gaarder se inició un género de mucho tirón en el público de best sellers: la novela que pone al alcance de la mano el dédalo zigzagueante de la historia de la filosofía. Ya sabemos que El mundo de Sofía se publicó en los cuatro rincones del planeta y en él han bebido cientos de jóvenes que, además, le han dado cancha para hacer secuelas. En La victoria del sol tenemos un primo segundo de este género divulgativo, situando en este caso la cámara frente a la historia de la ciencia moderna. La novela es una biografía de familia de los Copérnico, Kepler, Newton, Galileo, Brahe y otros que pululan por las paginas de una obra que está ubicada a mediados del siglo XXI, cuando Juan Arroyo recibe el premio nobel de física y echa la vista atrás para recordar el papel inestimable de su padre al enseñarle los hitos históricos que condujeron al descubrimiento de la centralidad del sol en el sistema solar.

Quizá lo más interesante de la novela sea el tratamiento ajeno a estereotipos consabidos a propósito de "el caso Galileo". El autor parece querer alejar los nubarrones de los que todavía piensan que el hijo de Vincenzo Galilei fue encarcelado, torturado y quemado. En la novela se nos habla de sus contactos con Kepler, de su carácter orgulloso, de su amistad con muchos cardenales de la Iglesia (como Nicolás de Cusa y Maffeo Barberini), de sus errores astronómicos a la hora de demostrar que la Tierra giraba alrededor del sol (como la pretensión de demostrar el movimiento de rotación y de traslación de la Tierra diciendo que las mareas eran consecuencia de la combinación de ambos). Se deja leer con avidez, pero advertimos que su prosa no es de traje de luces.





SOMBRAS SOBRE EL HUDSON

Isaac B. Singer
Ediciones B

La cultura judía, después de una vastísima tradición dedicada en exclusividad a desarrollar el contenido de la fe de sus libros sagrados, coloca por vez primera en el siglo XX piezas literarias, elementos profanos, novelas, narraciones. El idioma será lo de menos a la hora de iniciar esta nueva andadura donde la fe se hace carne en personajes de ficción: tanto valen el hebreo, el yiddish o los idiomas de los países que acogieron a las comunidades judías. La lengua no será un impedimento para la imaginación. Pero, francamente pocos son los que se atreven con el yiddish, esa lengua mestiza nacida en el siglo X que era una amalgama de hebreo y lenguas eslavas. Un idioma genuinamente popular que se utilizaba en plazas y mercados. Con el yiddish se atrevió Singer a escribir cuentos memorables (muchos de ellos traducidos al castellano, "Un amigo de Kafka y otros relatos" en Cátedra).

Singer es a un tiempo el escritor extraordinario que mereció el Premio Nobel en el año 1978 y el hombre dolido de dolores hermanos, ya que le desaparecieron muchos amigos y familiares en los crematorios nazis. Spielberg nos narró, en el idioma de la imagen, el sufrimiento atroz de un pueblo y la barbarie de una razón que se volvió loca en su magnífica película-documento La Lista de Schindler. Pero, hasta la fecha, poco se ha contado sobre el desarraigo de los supervivientes, la vida ordinaria de la generación que nació de Auschwitz y que emigró a otras tierras, llevándose sus silencios y sus miradas grises. Aquí es donde la aportación de Singer es extraordinaria. En Sombras sobre el Hudson, una novela absolutamente sobresaliente, aparecen personajes que no saben encontrar la paz, el silencio siempre les sobrecoge y el sobresalto es la actitud natural. Gentes que, a pesar de casa, carecen de hogar: "Tú al menos dispones de un hogar. Yo me he quedado totalmente a la deriva". Hombres y mujeres a quienes se les propondrá renunciar al compromiso moral que adquirieron de sus padres para convertirlo todo en arbitrario. Sus luchas serán desproporcionadas y no siempre saldrán victoriosos de ellas.