Número 22, abril 2001

El retorno del matrimonio


Los sabios de hace 50 años se preguntaban de dónde venía el matrimonio y la familia. Los expertos de hoy se preguntan a dónde van. Efectivamente, el modelo de matrimonio que hace unos dos mil años comenzó a vivir Occidente se basa en las siguientes notas: monogamia (pareja), heterosexualidad (unión de un hombre y una mujer), estabilidad (no "a plazo" o "a prueba"), formalizado (la voluntad matrimonial hay que expresarla ante la autoridad), orientado a la procreación (entre otras finalidades) y basado en un consentimiento libre.

Pero este modelo, en los últimos años comenzó a ser estudiado con ojos de criminalistas. Intrépidos jueces instructores convirtieron el pasado en un proceso judicial, acusando a quienes modelaron esa fórmula matrimonial de un cierto subdesarrollo jurídico, político en incluso psíquico. Según algunos, en materia de matrimonio y familia, sesenta generaciones vivieron en la noche de la ignorancia, hasta que comenzó a clarear gracias a Voltaire y Rousseau y fue saliendo el sol gracias a Marcuse y Freud. Así el matrimonio sufrió los vientos de fronda de una concepción que tiende a separar el derecho de la unión conyugal, convirtiéndolo en un fenómeno exclusivamente sociológico en el que su regulación debería adaptarse no a lo que el matrimonio es en sí mismo sino a cómo dicen que es determinadas visiones sociológicas, conectadas con minorías más o menos estridentes, o a cómo viven determinados casados sus compromisos en concretos ámbitos geográficos.

De este modo, la monogamia y la estabilidad tendió a ser sustituida por lo que técnicamente se denomina "poligamia sucesiva", a través de los divorcios "al vapor"; la heterosexualidad se debilitó por las uniones homosexuales; los matrimonios "formales" se erosionaron por las uniones de hecho; la "medicalización de la sexualidad" a través de la píldora alteró la finalidad procreativa del matrimonio etc. Sin embargo, recientes encuestas sobre el tema, parecen apuntar a un "retorno" del matrimonio clásico. Así, según el Centro de Investigaciones Sociológicas español, ocho de cada diez españoles (78%), opinan que el matrimonio es "una institución muy importante"; el 63% entiende "que es la mejor forma de convivencia"; y de acuerdo con el censo de población, el 66% de los españoles mayores de 19 están casados. Este "retorno del matrimonio", coincide con un aumento de su valoración tanto por la derecha como por la izquierda europea, ya se llame Blair, Jospin o Aznar.

Paralelamente algunas iniciativas legales y decisiones judiciales parecen reafirmar algunos rasgos clásicos del matrimonio. Retorno —todo hay que decirlo- todavía de tempus lento. Precisamente porque estas iniciativas a las que voy a aludir aquí, se entrecruzan con otras que, sin embargo, siguen adelante con el proceso de erosión antes aludido.

Estados Unidos acaba de introducir el llamado "matrimonio a la carta u opcional". Concretamente, el estado de Luisiana ha establecido, junto al matrimonio fácilmente disoluble, otro opcional. Para la nueva ley este último será "el contraído por un hombre y una mujer, que entienden y acuerdan que el matrimonio entre ellos es una relación para toda la vida". Quienes desean celebrar este matrimonio "blindado" han de suscribir libremente una declaración previa en la que manifiestan que "si en el futuro tuviéramos especiales dificultades en nuestra unión, nos comprometemos a realizar todos los esfuerzos razonables para mantener el matrimonio, incluido el asesoramiento de expertos". Con lo cual, los ciudadanos de ese estado -ejemplo que parece pueden seguir otros- tienen un abanico de posibilidades a elegir a la hora de contraer matrimonio.