![]() Cada vez que el viajante llegaba a la habitación de un hotel le producía una extraña sensación de libertad... de aventura. Todo era nuevo, aunque siempre fuera lo mismo. La televisión sobre la mini-nevera con precios de mercado negro, la revista "exclusiva para clientes" con los mejores restaurantes de la ciudad, jabón en miniatura, Gel douche & shampooing 25ml., un inútil gorrito de baño del que desconocía que alguien hubiera utilizado jamas y si tenía suerte un kit dental, hilo incluido. La gran diferencia entre cualquier hotel del mundo es la ventana. Abrirla y contemplar la ciudad desde donde ninguno de sus habitantes la ha visto jamas le convertía en un espectador de primera fila. En Madrid siempre pedía la habitación 608, desde allí podía contemplar la línea del cielo, un espectáculo reservado a los visitantes y prohibido a los que tienen demasiada prisa como para pararse un instante y ver la ciudad como si no fuera la suya. Desde la 608 se divisa el edificio de Correos, el Círculo de Bellas Artes y la Gran Vía, un Madrid de la Belle Epoque que pasó de ser una ciudad provinciana a convertirse en una capital europea. Quince años vertiginosos en los que un arquitecto destacó por encima de todos los demás; Antonio Palacios fue el creador de nuestra línea del cielo. En 1904 comenzaron las Cuatro años después, Doña Dolores Romero encarga a Palacios el proyecto del Hospital de Jornaleros para una sociedad benéfica en la calle Raimundo Fernández Villaverde, una vez más demostró estar muy por delante de cualquier arquitecto de su época. Acudía mañana y tarde a la obra de Correos, que ya se había alargado varios años, para supervisar cada detalle. Redibujaba cada elemento, discutía sobre materiales y medidas con los especialistas y apenas tenía tiempo para dormir cuando asumió el proyecto del Banco del Río de la Plata, hoy Banco Central. Su forma de ver la ciudad había cambiado, ya no era el joven que quería recrear castillos y catedrales góticas. Los nuevos arquitectos americanos influyeron en esta obra monumental en la que se volcó para sacar el mayor partido de los elementos con los que contó para trabajar. Desde la ventana de la 608 se pueden casi tocar las enormes columnas clásicas que parecen suspendidas entre espejos en forma de templo griego que nada tiene que envidiar a los grandes bancos de Wall Street. Por aquellos años, el dios Neptuno se veía rodeado por la colonización de los arquitectos franceses, el Hotel Ritz y el Hotel Palace le hacían parecer un turista en tierra extraña, Palacios, que aún continuaba con sus edificios de Correos, Jornaleros y Banco de la Plata fue el primer español en intervenir en la plaza del dios del mar. No tenía demasiado tiempo para detalles ornamentales pero le sobraba talento para diseñar la torre y una esquina que parece no doblar entre dos calles del edificio de La Sud-América. El punto de inflexión en la carrera de Palacios llegó en 1914, cuando realizó un conjunto de viviendas en la calle Marques de Villamejor, este proyecto supuso la confirmación de un estilo personal, con miradores que parecen asomarse a una silueta de Madrid de la que el mismo había sido en gran parte responsable, en ese momento consiguió lo que muchos habían buscado, una arquitectura puramente española, sin tener que recurrir a los trasnochados regionalismos. A estas alturas, Palacios ya lo había hecho prácticamente todo, pero fue en 1919 cuando se le presentó la gran oportunidad para desplegar todo su talento creativo. Se convocó un concurso para la construcción de la sede del Círculo de Bellas Artes, al cual se presentó con un proyecto que no atendía a las bases del concurso, que incumplía todas las ordenanzas municipales y se saltaba cualquier regla conocida sobre proporciones y simetría. Con su arriesgada apuesta pensaba conseguir el apoyo más incondicional o el rechazo más absoluto. Sabía que esta ocasión no volvería a repetirse y decidió crear un edificio que fuese una ciudad dentro de la propia ciudad, cada espacio mantuvo su propio estilo sin respetar el resto del diseño. El primer premio del concurso quedó desierto por el incumplimiento de las bases y Palacios llegó a un acuerdo privado con los promotores. La Guerra Civil truncó la carrera de un arquitecto al que aún le quedaban muchas cosas por decir.A pesar de eso, Madrid está salpicado por el talento de un genio que, sin apenas darse cuenta, creó la línea del cielo que sólo los turistas saben ver. Hay ocasiones en que desearía ser uno de ellos, alquilar la habitación 608 y ver Madrid desde donde ninguno de los que aquí vivimos la hemos visto. |