![]() Somos conscientes del incremento de inmigrantes en nuestra sociedad, y cómo su situación hace que ya no seamos meros espectadores, sino que nos atañe muy directamente. Sólo en Madrid podemos hablar de cerca de 300.000 inmigrantes que viven en nuestra comunidad, y que llegaron atraídos por nuestras "ofertas" de bienestar. Lo que exigimos para nosotros: comodidad, bienes de última generación, seguridad, entretenimientos, etc., ha alcanzado allende los mares, y ciudadanos de otros países reclaman lo que disfrutamos. Lo que no queremos que sea compartido por los hijos no deseados, ¿será ahora propiedad de extranjeros que ocuparán ese lugar? A veces resulta paradójico nuestro lado farisaico de la vida. El egoísmo que nos enmascara resulta patético a la hora de soltar migajas. Nos enredamos en miles de fórmulas pseudolegalistas y, cuando no estamos en el poder, nos ponemos al lado del débil, pero cuando se trata de ejercer la autoridad, porque está en nuestras manos, entonces todo se vuelve complicado bajo la mira atenta de la oposición política. Pero, ¿dónde queda el ser humano en todo esto? Por otra parte, se habla de xenofobia, de discriminación y de alienación. Pero, ¿cómo exigir un derecho para los de fuera cuando se están quebrantando l Hablar de solidaridad es hablar de derechos y de obligaciones, de deberes y de contraprestaciones que el respeto a la persona humana no se base en un voto, sino en un encuentro personal con aquel que es discriminado. Demandamos paz y nos encontramos con una corrupción de la dignidad humana que se cifra en demagogia y burdo sentimentalismo. En definitiva se trata de una manipulación de la condición humana que se mueve en el mero interés partidista. ¿Cómo informamos al ciudadano? La orientación que se da en muchas ocasiones va encaminada más bien a una desinformación que se centra en el mero enfrentamiento entre etnias y culturas dispares, olvidando la raíz misma del hombre, es decir, ser poseedor de un patrimonio espiritual que va más allá de cualquier frontera. Desde ahí emprenderíamos una verdadera ayuda a los que sufren en lo material (no en lo superfluo), abriendo verdaderos cauces de reconocimiento pleno de esos derechos de los que ahora carecen. ¿Quién se ha planteado tener encuentros personales donde se puedan compartir enriquecimientos mutuos? ¿Quién piensa en los inmigrantes como familias que viven alejadas de sus hogares, marginadas en una clandestinidad no buscada? |