Número 27, diciembre 2001











Juan Pablo II ha convocado a los representantes de las distintas religiones para rezar por la paz en unos momentos bastante chungos. La cita va a ser en Asís el próximo 24 de enero, es decir, justo cuando se cumplen quince años del anuncio del primer encuentro de la historia de estas características, que se celebraría después del 27 de octubre de 1986, también en Asís. En aquel año, casi todas los grupos terroristas, guerrillas y facciones militares depusieron las armas durante veinticuatro horas, cosa altamente sorprendente. Al Papa también se le ocurrió organizar un día de ayuno y oración para rezar por la paz el 14 de diciembre, con lo que los cristianos nos unimos a los musulmanes durante su época de Ramadán. Medidas de este tipo son las que hacen falta para quitarnos de la cabeza que las religiones son misiles dormidos y origen de fundamentalismos.

Norma Gallo


Pocas son las veces que voy a la ópera pero, cuando lo hago, quiero encontrarme con un espectáculo completo, una buena interpretación vocal, una estupenda interpretación de actores y sobre todo una puesta en escena que no me sea nimia ni chorra, como nos tienen acostumbrados últimamente los directores de escena. Lucia de Lamemoor estuvo interpretada por la Gruberova, una de las sopranos más espectaculares del momento. Estuvo soberbia, se le exigía un diez y cantó para diez. Sin embargo, la puesta en escena estuvo flojita, por esa manía de los artistas modernos de querer sintetizar las escenas hasta hacernos, casi, radiografías del vacío. Menuda bobada.

Pablo Gavilanes Pérez


Con la muerte de Julio Fuentes no sólo se nos va un ser humano, sino que arrastra consigo la veneración de muchos aspirantes a periodistas que vemos en los corresponsales de guerra a auténticos héroes de guerra. Ya sé que a Alfonso Rojo se le pira muchas veces la pinza y parece que se va a los conflictos, como Mambrú, para mezclar ficción y realidad, y luego hacerse de oro con su novelita de primavera en la que no sabes dónde empieza la realidad y dónde termina Alfonso Rojo. El mejor homenaje al periodista que se nos ha ido es releer su última crónica de El Mundo, en la que se metió de narices en el polvorín afgano hasta dar con la pista talibán sobre el uso de gas sarín y armas bacteriológicas. A Julio lo pillaron en plena revelación de la verdad. Descanse en paz.

Alicia Mariscal