Raquel Meroño
la fama merecida
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C.- Alguien sería tu inspiración, digo yo. R.- De Marisol, de Pepa Flores, me sabía todas sus películas, para eso era mi padre quien las distribuía. Pero también me acuerdo de concursos como El 1,2,3, que solíamos representar en casa. No sé, otra gente jugaba con muñecas, yo hacía espectáculos para la familia. C.- Y ellos, tu familia, ¿qué pensaban al respecto? R.- En mi familia nadie es artista, por eso no solían tomarme en serio: "¡Ay, la niña qué mona, mira lo que dice!". Pero yo sabía lo que quería. Por eso, cuando en segundo de Periodismo me planté y dije que hasta ahí había llegado (¡como no me ponga a prepararme y a funcionar... esto no lo hago en la vida!), y dejé la carrera, por poco me matan. No entendían nada los pobres. C.- Compréndelo, menudo palo. R.- Pues sí, porque a cualquier padre le dices que su niñita (yo), se va a meter en este mundillo, del que se oyen tantas cosas, tantos comentarios, y se muere de miedo. Además, sin tener ni un punto de referencia, se asustaron muchísimo. C.- Pero al final te saliste con la tuya. R.- La verdad es que surgieron muchas discusiones y me costó mucho hacerles comprender que esa era mi ilusión, pero a base de hablar y hablar.
C.- Háblanos de tu primer papel de protagonista. R.- Se llama Bárbara, y ya le tenía ganas. Antes de Dagon, lo único que había hecho era un papel en Air-Bag, el resto ha sido todo televisión. C.- No quieres que te encasillen en la tele. R.- Hombre, es que quiero hacer más cosas, no me quiero quedar en eso. Estoy muy agradecida, empecé bailando en Uno Para Todas y después hice de azafata, me dieron algún programa para presentar, luego galas en directo y por fin series: Al salir de clase, Esencia de poder yo lo tomo como un curso de aprendizaje. Intento estar siempre aprendiendo y procuro no viciarme, no repetirme (aunque luego me veo a veces y digo: "¡Dios mío, para qué haré nada!") pero creo que se lo debo al espectador. |