Número 27, diciembre 2001

Hombre y mujer,
señores del sexo

La facultad sexual del hombre tiene que ser integrada en el conjunto de las otras facultades, y su uso requiere una perspectiva equilibrada en el contexto de toda la personalidad humana. En la actualidad estamos sumergidos en una ola de deshumanización de la sexualidad que obliga a recordar a menudo que el hombre no es un cerebro con tripas y sin corazón, ni unos genitales descabezados, sino una persona con todos su atributos: inteligencia, voluntad y sentimientos

La integración de todos los aspectos de la sexualidad es una tarea indispensable en el proceso evolutivo de la persona hacia su madurez y premisa inexcusable para conseguir la salud sexual. Si se aísla la sexualidad se deforma la realidad, creando confusión e inseguridad, ya que el propio sentido de la existencia - la obtención de la felicidad para uno mismo y para los demás - se confunde con la fugaz obtención de placer; este placer que cuando es buscado obsesiva y y exclusivamente, no lleva más que al desencanto y a la insatisfacción e incluso puede conducir a diferentes patologías.

Si el único objetivo de la sexualidad humana hubiera sido la obtención de placer, resultaría inexplicable la presencia en la mujer de un mecanismo tan complejo: una matriz que continuamente se renueva y prepara, como la tierra esperando la simiente o, en otro símil fácilmente comprensible, que "pone la mesa" esperando un posible invitado. Si el invitado no llega, se expulsa al exterior el ya innecesario endometrio. Todos los cambios cíclicos que ocurren en la mujer durante su vida fértil no tienen más objetivo que favorecer las condiciones óptimas para la procreación. Tampoco necesitaría el hombre unos órganos sexuales secundarios, como la próstata y las vesículas seminales, destinados únicamente a formar el "carburante" y adaptar el medio para que el gameto masculino pueda llegar a fecundar el óvulo, pero de nada sirve para la obtención de un fugaz placer físico, que no justifica su existencia.

Psicología de la sexualidad humana

El sexo no es sólo una función ni tampoco sólo una relación, es una cualidad permanente en los humanos porque, en efecto, se es varón o se es mujer. Esta cualidad permanente se manifiesta igualmente en todos los ámbitos de la vida humana, incluso fuera de la estricta función sexual. Al degradar la sexualidad, estropeamos algo más que la vida sexual y la reproducción, estropeamos una parte de la naturaleza humana.

Ningún profesional bien informado sobre cuestiones psicológicas referentes a la sexualidad puede defender el absoluto determinismo biológico de la sexualidad humana, ya que la sexualidad en el ser humano no manifiesta las características de obligatoriedad inevitable (propia de otras especies animales) sino que deja una amplia zona de actuación a la libertad personal, guiada por la inteligencia y la voluntad (esto explica la posibilidad de la continencia total o periódica y la opción del celibato). Tiene pues la sexualidad humana una cierta plasticidad e indeterminación, susceptible de ser educada, lo que supone una evidente diferencia con la sexualidad animal. En éste, el instinto es determinante, en el hombre es más bien una tendencia. Son conocidas para cualquier persona que trate con animales domésticos, las crisis irracionales que padecen sus animales en épocas de celo y cualquier veterinario es consciente de que, por poner un ejemplo, una vaca no acepta al toro en épocas en que su tracto genital no está preparado para la fertilidad. Todos hemos observado la instintiva tendencia de los animales a amamantar a sus crías, sin precisar aprendizaje ni mentalización. Sin embargo, en el ser humano, los aspectos biológicos y psicológicos se complementan para dar a la sexualidad todo su significado humano, expresión del amor personal e ilusión por dar vida a nuevos seres nacidos de este amor.

La regulación natural de la fertilidad

Como se dice en el programa de la OMS, los Métodos Naturales requieren la abstinencia periódica de relaciones sexuales en las fases fértiles del ciclo si se desea evitar un embarazo. Se ha llegado a convertir en tabú términos como continencia y abstinencia conyugal, considerados represivos sin más, cuando se refieren al ámbito de la sexualidad y, en cambio, se aceptan sin aspavientos como algo lógico cuando se aplican a otros campos: nadie se extraña de la necesidad de prescindir de la ingesta de grasas o glúcidos para evitar la obesidad, o de la disciplina - con sus correspondientes renuncias y abstinencias - a que ha de someterse un deportista o las exigencias horarias de otro tipo de determinadas profesiones, etc.

Y es que la sexualidad, como en cualquier aspecto del actuar humano, no se puede prescindir del autodominio y del autocontrol ni del carácter finalista del comportamiento. Se trata sencillamente de poner la pulsión al servicio del amor mediante un entrenamiento gradual para llegar a ser dueño de uno mismo y poder entregarse al cónyuge. Es la gimnasia de la voluntad. Se ha de tener también en cuenta que la misma vida impone la continencia en determinadas circunstancias, como son la enfermedad, viajes, agotamiento, parto reciente, etc., y que por tanto hay que saber integrar con naturalidad, unos días de abstinencia en la vida conyugal, cuando sea necesario.

1.- Aceptar que la relación sexual no es la única forma de expresar el amor y la sexualidad, aunque es necesario conseguir una armonía sexual o al menos hablar de ello y buscar convergencia. ¿Cómo conseguir la relación armónica? En primer lugar es preciso que haya una preparación a largo plazo en la que intervengan la voluntad y los sentimientos. En segundo lugar es necesaria una preparación inmediata del cuerpo.

2.- Es imprescindible comprender la importancia de la comunicación personal a todos los niveles, porque no hay duda de que el sexo es importante, pero una relación comprende otras muchas cosas: formar un hogar (algo más íntimo que encontrar una casa o un piso), ahorrar juntos, planear juntos, tener hijos, etc., y especialmente revisar la necesidad humana básica de conversar, sabiendo que conversar implica que ambos manifiesten lo que piensan y sienten, que sean escuchados con interés y reciban respuesta.

M. Rutlant
Médico, presidenta de la Asociación Española
de Profesores de Planificación Familiar Natural