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Joseph Pearce Tolkien es el hombre de moda, y eso que murió hace 28 años. Y como el Cid, que ganó la batalla después de muerto, se levanta ahora d Para él la vida significaba escoger el bien, lo mejor, y rechazar el mal. La maldad despersonaliza, por eso quiso reflejar en el Anillo el símbolo del orgullo y del poder, todo aquello que arrastra al hombre al reino del Señor Oscuro. En palabras de Stratford Caldecott, "su forma circular es la voluntad concentrada en sí misma. Su centro vacío sugiere el vacío al que nos arrojamos usando el Anillo. Nuestra búsqueda, como la de Frodo y la de Sam, consiste en renunciar al Anillo y librarnos de su ascendiente sobre nosotros". Para Tolkien la búsqueda de la trascendencia, del bien, de lo mejor, era mucho más que un juego. Servir al poder del mal significa la pérdida del propio nombre, es ingresar en una esclavitud en la que se nos arrebata la identidad. Allá donde se deja sentir la influencia del Señor Oscuro, las relaciones humanas están amenazadas. De ahí que las batallas libradas en El Señor de los Anillos sean mucho más que un pretexto para evitar la fuga del lector, sino la expresión de la lucha cotidiana del ser humano en favor del triunfo del bien. En su obra están los grandes temas del hombre: la dignidad de la creación, de las criaturas finitas, el temor reverente frente a la impresionante naturaleza, la voluntad, la posible gloria, el destino humano, la providencia, la belleza, el deseo, el orden, la gracia y el gozo. En este libro del mes descubrimos una colección de escritos sobre Tolkien para los amantísimos y para los que se iniciarán cuando vean la película. Dora Rivas |