Número 25, octubre 2001

El libro del mes
J. R. R. Tolkien, SEÑOR DE LA TIERRA MEDIA

Joseph Pearce
Editorial Minotauro

Tolkien es el hombre de moda, y eso que murió hace 28 años. Y como el Cid, que ganó la batalla después de muerto, se levanta ahora de la tumba, a finales del 2001, para volver a ser actualidad gracias al estreno de una peli basada en su magna obra, El Señor de los Anillos. Todos los lectores de la famosa trilogía llevan un porrón de tiempo anhelando su estreno, se han chupado el trailer doscientas veces y circulan las fotos por Internet desde hace meses. Sin embargo, los que se apasionan por la obra de Tolkien, apenas conocen a su autor. En el libro que presentamos podemos adentrarnos en la mente del genio. Un hombre que, según su amigo C. S. Lewis, "era el ser humano más casado del mundo", y por eso a veces le era imposible encontrarse con él para charlar tranquilamente. Un católico convencido que no dudaba en decir que la Virgen fue "la influencia más importante que había tenido en su vida". Un auténtico plasta si paseabas con él, ya que sus amigos le reprochaban el que tuviera que pararse a cada poco para contemplar los árboles y disertar sobre la infinita variedad de mariposas, etc. Un profesor de filología enamorado de las lenguas, de su variedad y riqueza. Pero la fuerza de Tolkien residía en su creación, en haber plasmado en su obra la importancia de la persona.

Para él la vida significaba escoger el bien, lo mejor, y rechazar el mal. La maldad despersonaliza, por eso quiso reflejar en el Anillo el símbolo del orgullo y del poder, todo aquello que arrastra al hombre al reino del Señor Oscuro. En palabras de Stratford Caldecott, "su forma circular es la voluntad concentrada en sí misma. Su centro vacío sugiere el vacío al que nos arrojamos usando el Anillo. Nuestra búsqueda, como la de Frodo y la de Sam, consiste en renunciar al Anillo y librarnos de su ascendiente sobre nosotros". Para Tolkien la búsqueda de la trascendencia, del bien, de lo mejor, era mucho más que un juego. Servir al poder del mal significa la pérdida del propio nombre, es ingresar en una esclavitud en la que se nos arrebata la identidad. Allá donde se deja sentir la influencia del Señor Oscuro, las relaciones humanas están amenazadas. De ahí que las batallas libradas en El Señor de los Anillos sean mucho más que un pretexto para evitar la fuga del lector, sino la expresión de la lucha cotidiana del ser humano en favor del triunfo del bien.

En su obra están los grandes temas del hombre: la dignidad de la creación, de las criaturas finitas, el temor reverente frente a la impresionante naturaleza, la voluntad, la posible gloria, el destino humano, la providencia, la belleza, el deseo, el orden, la gracia y el gozo. En este libro del mes descubrimos una colección de escritos sobre Tolkien para los amantísimos y para los que se iniciarán cuando vean la película.

Dora Rivas