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EL SECRETO Wilkie Collins
La obra nació como una historia por entregas que fue apareciendo periódicamente en un conocido semanario inglés. Por eso, tiene un par de lastres, el del culebrón (un pelo, para qué nos vamos a engañar) y el del "continuará...", es decir cada capítulo finaliza con una descripción apasionante de aquello que está por venir para garantizar la atención del lector. Es un recurso machacón y consabido que en nada favorece la lectura de la obra, pero que se acepta como inevitable. Sin embargo, el talento del autor se reparte por todos los rincones y su humor también. Decía Borges que lo bueno de las obras de misterio y de las policíacas es que por narices tienen que tener un final claro, el autor tiene que mostrar su destreza en un final limpio. Y tenía razón. Aquí, Collins cumple con lo que se espera de un autor que reparte intrigas en sus páginas pero, además, nos revela una descripción de personajes auténticamente maravillosa. Collins va más allá del desvelamiento de un misterio, porque le importa ofrecernos una caterva de personajes endiablados y otros de categoría humana sin reproche. Por ejemplo, el rol de la hija de la difunta es espléndido, una mujer casada con un ciego a la que importa bien poco la dignidad del estatus social de cada ser humano, enamorada de su marido hasta el extremo, capaz de deshacerse por los demás con una entrega casi irracional, que tendrá que tomar decisiones que la incumben decididamente (hasta el punto de que su posición económica puede variar sensiblemente), y lo hará con tal de que produzca "ganancia para la conciencia". Pero, por encima de todo, frágil, una mujer frágil, una mujer de carne y hueso. Una novela estupenda a la altura de La piedra lunar (que aquí ha tenido infinidad de ediciones y ha pasado ya a la edición de bolsillo). ESTADOS UNIDOS, LA HISTORIA Paul Johnson
Una de las virtudes del autor es, sin duda, su capacidad para simultanear acontecimientos históricos y ofrecernos puntos de encuentro y comparación entre sucesos que han acaecido con una distancia temporal enorme. Por ejemplo, cuando Johnson habla delos tristemente famosos juicios de Salem (aquella dramática caza de brujas del XVII), comenta que lo que impresiona al historiador "no es simplemente la intensidad del delirio colectivo que sobrevino en el verano de 1692, sino el hecho de que para el otoño ya se hubiera vuelto a la normalidad, lo que hizo a los americanos confesar su error y repararlo". Inmediatamente después, alude a la caza de comunistas del senador McCarthy a comienzos de los 50, y nos habla del Watergate y del Irangate. De Paul Johnson seguiremos hablando, sus obras están a tiro de Internet y algunas ya se han editado en España. |