| Las elecciones norteamericanas han dado como vencedor a George W. Bush por dos diezmilésimas del 1 por ciento de los votos. Antes de la retirada de Gore, una serie de acontecimientos judiciales han tenido en vilo al mundo entero. El desenlace es conocido: a las 3,00 del 14 de diciembre hora espñaola- Albert Gore, aun mostrándose disconforme con la decisión del Tribunal Supremo, que le era contraria, acataba su fallo y reconocía como vencedor de las elecciones a Geoge W. Bush.
Según los primeros análisis de voto, Bush obtenía mayorías sólidas entre hombres blancos, mientras que Gore ganaba entre las mujeres, los negros y las minorías hispanas. Bush vencía entre los casados y Gore entre los no casados y divorciados. El gobernador de Texas arrasaba entre los votantes más interesados en que el futuro presidente fuera honesto o un líder para resolver cuestiones complejas, aunque el voto estaba igualado entre quienes apreciaban a un candidato u otro por considerar que tendría buen juicio en una crisis. Los conservadores votaron mayoritariamente por Bush y la izquierda liberal por Gore. ¿Y el factor religioso? Los primeros estudios indican que Bush ha ganado entre los protestantes el mayor grupo religioso- y Gore lleva ventaja entre los judíos y los que se declaran agnósticos. El voto católico se ha divido por mitad. Cuanto más alta fuera la tendencia de un votante a vivir decididamente su fe, mayores eran las posibilidades de que votara por Bush. En estas elecciones, ciertamente, las convicciones religiosas parece que han desempeñado un papel de alguna consideración. Gore ofreció la sorpresa de integrar en su ticket a Joe Lieberman: un judío ortodoxo enfrentado en su partido con Clinton ("la saga Clinton-Lewinsky es el más claro ejemplo de virus de la pérdida de valores en la política norteamericana"), con Hollywood ("demasiado sexo y violencia en vuestras películas") y con los sindicatos de la enseñanza pública, al ser partidario del "cheque escolar". A la mayoría de los electores les gustaba este estilo. Según Newsweek, el 61% aprobaba que los candidatos a la presidencia manifestaran sus convicciones religiosas. Si la convención demócrata de Los Angeles fue precedida de una especie de "catarsis televisiva" en la que Clinton ante una nutrida reunión de pastores protestantes- se mostró arrepentido por sus líos de faldas, Gore y Bush tampoco parecieron avergonzarse de hacer ostentación de su fe. Gore dijo que si llegaba a la Casa Blanca se preguntaría con frecuencia ante los asuntos graves "qué haría Jesús en mi caso". Y Bush confesó en plena campaña que "Jesucrito es mi personaje favorito". Buena parte del "conservadurismo solidario" de Bush se basa en trasladar a las fuerzas sociales (en especial, a las iglesias) el papel que desempeña el poder de la burocracia estatal en el omnipresente "Estado del bienestar". Y la elección del judío ortodoxo Lieberman en el "ticket" demócrata fue, según fuentes cercanas a Gore, "un signo de fortaleza no de debilidad, porque desafía a los republicanos en el terreno de los valores y la religión". En todo caso, si la elección de Kennedy en 1960 contribuyó a derribar la barrera anticatólica; la entrada de Lieberman en la campaña electoral ha ayudado a mitigar el sentimiento antijudío, todavía presente en amplios estratos norteamericanos. Sus discursos electorales con frecuentes referencias a cuestiones religiosas- dieron buenos resultados. En una encuesta TIME/CNN el 21% de los encuestados en la zona noroeste del país opinó que la condición de judío de Lieberman haría que se inclinen a votarlo. Y para el 67% de los encuestados la elección de un judío para la vicepresidencia no variará su voto. En el importante tema de defensa de la vida, las posiciones de Gore y Bush no eran idénticas. Aunque ambos son partidarios decididos de la pena de muerte contra la que algunas confesiones,entre ellas la católica, se han mostrado contrarias-, en la cuestión del aborto había una diferencia clara entre los dos candidatos. Bush prometió y ahora habrá de cumplirlo- firmar la ley que veta el aborto por decapitación. Gore, en cambio, se mostró decididamente partidario de toda forma de aborto. Otro tema importante es la futura composición del Tribunal Supremo federal. Los nueve jueces del Tribunal Supremo los elige el Presidente y, aunque son vitalicios, siempre cabe la dimisión por razones personales, de salud o de edad. Y el caso es que las dos únicas mujeres que pertenecen al Alto Tribunal (Sandra O´Connor y Ruth Ginsburg) han declarado padecer cáncer. A su vez el propio Presidente del Tribunal (Rehnquist) tiene ya 76 años. El nuevo Presidente puede tener que nombrar a varios de los jueces, nombramientos que podrían tener una influencia decisiva en cuestiones tan conexas con cuestiones religiosas como la financiación estatal de las escuelas privadas, el aborto, la unión "matrimonial" entre homosexuales o los programas de acción afirmativa a favor de las minorías. Habrá que estar a la espera de lo que haga el nuevo presidente a partir de su toma de posesión, en que jurará su cargo como los presidentes anteriores- sobre la Biblia familiar y concluirá con el tradicional: "Ayúdame, Señor".
Rafael Navarro-Valls, |