Número 19, enero 2001
Mejor imposible
Dr. Jekyll

Hablamos de la que fue la gran comedia del año 1998: Mejor... imposible, del director americano James L. Brooks. Os refrescaremos la memoria. Jack Nicholson es Melvin Udall, un solitario y excéntrico escritor de novelas románticas facilonas. Tiene un carácter insoportablemente egoísta y neurótico, lo que le hace ser despreciado por todos, especialmente por su vecino, Simon Bishop (Greg Kinnear), un pintor de alto standing, homosexual y de un carácter tierno y afable, a quien hace la vida imposible. Parece que la única persona a quién puede soportar es a la enérgica y decidida camarera del bar donde acude a comer todos los días, Carol Connelly (Helen Hunt). Sólo ella sabe pararle los pies como es debido y sacar lo mejor que hay en él.

El trío de actores, en una interpretación insuperable ("mejor imposible" reza el título de la película, y esto debe aplicárse también a ellos), consigue implicarnos, de un modo natural, en la acción, y hacernos no sólo reír, sino también pensar sobre los muchos traumas que tiene nuestra sociedad. No en balde, la película ganó dos Oscars, al mejor actor principal (Nicholson) y a la mejor actriz principal (Hunt) desbancando a los mismísimos Tom Hanks (Salvar al soldado Ryan) y Kate Winslet (Titanic) y los Globos de Oro a la mejor película de comedia, actor y actriz. La banda sonora contiene unas cuantas piezas de alta calidad musical. El responsable de ella es el veterano Hans Zimmer, quien sabe crear un ritornello que nada tiene que envidiar a las grandes composiciones de las comedias clásicas de los años cuarenta y cincuenta. Una lástima que coincidiera con la también espléndida banda sonora de Titanic, la cual se llevó todos los premios.

Mr Hyde

Como toda buena comedia obliga, la risa y la sonrisa, la lágrima y el humor, el optimismo y la realidad social, deben estar, bien dosificadas, a lo largo de toda la cinta. En Mejor imposible podemos ver un buen ejemplo de ello. El director James L. Brooks, sostenido por el sólido guión de Mark Andrus, nos cuenta una historia en la que no sólo cabe la mirada tierna, sino también el justo análisis de una sociedad capaz de crear situaciones como las que podemos ver, con total naturalidad, en la película: la soledad y el individualismo en el que vive inmerso Melvin, la deslealtad de los amigos de Simon a quién abandonan sin pudor, la desatinada búsqueda del amor de Carol, el desamparo médico en el que vive tanta gente en América... Y todo ello bajo una visión amable y positiva sobre el ser humano, capaz de superar cualquier escollo que se encuentre en su camino. "Si miras a alguien un buen rato, descubres su humanidad", comenta Melvin en un momento de la película.

El descubrimiento del cariño y del amor por parte del protagonista (primero el afecto de Berdel, el perro de Simon, después de la camarera, e incluso del pintor "marica") conseguirá la transformación del que, hasta entonces, había estado relegado al aislamiento y al encierro. "Tú haces que quiera ser mejor persona", le dice Melvin a Carol. Todos, escritor, pintor y camarera, salen beneficiados, de una forma u otra, cuando consiguen dejar los prejuicios a un lado y abrir su corazón al otro.