Número 19, enero 2001
Persiguiendo a Betty
CALIFICACIÓN: * * * *
El poco sugestivo, y archiutilizado título de, "Persiguiendo a... (en este caso) Betty", hace un flaco favor a la divertida y fresca comedia que realmente es la nueva película del cineasta independiente americano Neil LaBute, "Nurse Betty" (título original de la cinta, como os podréis imaginar).

Betty (Reneé Zellweger), es una mujer adorable e inocente que vive una vida apacible en un pequeño pueblo del Estado de Kansas. Camarera de un bar de tres al cuarto, vive ocultando su anodina existencia tras el culebrón televisivo número uno en USA, "Un motivo para amar". Betty está casada con Del, un desalmado vendedor de coches que está demasiado ocupado con su amante como para, siquiera, acordarse de que hoy es el día del cumpleaños de su mujer. Pero pronto todo va a cambiar porque, esta misma noche, delante de sus ojos, dos matones a sueldo (Morgan Freeman y Chris Rock), han asesinado a su marido por un oscuro asunto de drogas. Influida por un shock postraumático tras la terrible experiencia de ser testigo del asesinato de su marido, huye de la ciudad en el coche en el que, sin ella saberlo, están escondidas las drogas. En el transcurso de su fuga, y todavía trastornada, cree en su delirio que es una enfermera y que está comprometida con el Dr. Ravell (Greg Kinnear), el atractivo protagonista de su culebrón favorito. Betty está persiguiendo su sueño... Lo que no sabe es que a ella también la están persiguiendo. Se desencadena así, una desternillante persecución en la que la realidad comienza a confundirse con la ficción.

Estamos delante de la que va a ser la comedia del año. El secreto de tamaña hazaña está, probablemente, en el acierto, por parte de los guionistas John C. Richards y James Flamberg, de retomar la clásica receta de exitosa comedia años cuarenta —de hecho se hace mención a esos años en varias ocasiones a lo largo de la película-, y modernizarla: Bastante humor, mezclado con una pizca de nostalgia a la que se le ha sazonado con un poco de ilusión, todo ello recubierto de una buena capa de optimismo y constructiva crítica social... ¿No os huele bien? La película tiene al menos, otros dos grandes aciertos: Un director inteligente con una sugestiva carrera cinematográfica y teatral a sus espaldas; y una, de nuevo estupenda Reneé Zellweger ("Jerry Maguire", "Yo, yo mismo e Irene"), actriz que siempre da la talla. Su cálida interpretación recuerda a lo mejor de Doris Day, y nos pone ante una muy posible candidata al Oscar.

Eva Latonda


B
etty no sólo tiene encanto, sino que es de una maravillosa transparencia, y nadie mejor que Reneé Zellweger (la mujer de Jim Carrey en la vida misma) para dar cuerpo a este pequeño milagro de ingenuidad. Tras las primeras escenas, uno no sabe qué pensar de la película (vaya espanto, no tiene ni pies ni cabeza, menuda reacción la de Betty, que no, que no me lo creo), pero pasa el tiempo y todo cuadra desde la perspectiva de este cerebrito curioso. El director y el maravilloso guionista John C. Richards (que se mereciera un reconocimiento de lujo en el pasado festival de Cannes) han sabido pintarnos un personaje entrañable. El secreto de Betty no radica en su sacudida-shock mental que le hace parecer algo ajena al común de los mortales, sino en la vulnerabilidad de su naturalidad, su frescura irreprimible. Todos adoran su novedad, hasta el mismísimo delincuente de medio pelo (Morgan Freeman) se marca con ella un vals imaginario frente a un oscurísimo Grand Canyon en una memorable escena. Por eso, al tiempo que te vienen las empatías por Betty, te entran también ganas de controlarla, herirla, porque es un pajarillo sin madre que tirita al viento de la noche. Es la tentación del médico de la serie, que empieza cortejándola y acaba por gritarla y echarle en cara su originalidad. Es cierto, los frágiles lo llevan peor en un mundo que, como en Dinosaurio, los más dotados son los que imponen un ritmo frenético para garantizar su supervivencia, y son capaces de ningunear a los últimos.

En el último cine norteamericano pocos personajes son tan originales, polimorfos, pluriformes o como narices queramos decirlo, como Betty. Basta ya de rostros sin peso, planos como el papel, de reacciones consabidas… Betty vuelca todas las mesas de la trivialidad. ¡Ay Betty, Betty!