Me recibe en su buhardilla-despacho de las Salesas. Tiene la pared cargadita de recuerdos, como aquella chiquilla de colegio que cuelga de su corcho fotos de Brad Pitt y la servilleta del bar donde Jaime, el de la primera fila, le escribió un piropo con faltas de ortografía. Le hablo de la posibilidad de El Crack III. "Es inviable, la oficina donde trabajaba el personaje de Alfredo Landa estaba en Gran Vía 32, y ahora resulta que es el despacho de Polanco, fíjate lo que han cambiado las cosas". ¿Inviable? No me lo creo. Garci siempre ha hecho lo que le ha dado la gana. Es un indie, un outsider, no va con el dogmatismo de las modas. Si las cifras de recaudación del cine español caen estrepitosamente, como ha ocurrido el año pasado, a él no se le va a ocurrir rediseñar, recalcular, reorientar su estilo y hacer trabajos cara a la galería. Sus películas le salen de las cachas, por eso siempre son una sorpresa. Abobado se quedó Robert Redford cuando Canción de cuna se mostró en el Festival de Sundance. Una película que, a vista de pájaro parece una historia de coto cerrado, se convirtió para los jóvenes del festival en un Retiro otoñal de espesor humano y se echaron a llorar. Garci nos deja You re the one, que se va de Oscars.
Calibán.- Yo comparo Las verdes praderas con Dublineses, de Huston, en la que se pasa de la trivialidad de una cena formal a la intimidad de la casa... José Luis Garci.- ...cuando la pareja protagonista oye una canción que les hacía pensar en los McDowell, (me parece que así se llamaban). C.- Sí. A mí Las Verdes praderas me parece una historia monumental. Un hombre que pensaba que la felicidad radicaba en tener un chalet, un hijo con un triciclo rojo... y resulta que por mucho que tiene nada le da la felicidad. JLG.- Estás hablando de una película del año 78. Sin saberlo, con el tiempo vas evolucionando y te van interesando unas historias más que otras. C.- ¿Has cubierto una etapa en tu vida?, ¿se puede decir que Garci tiene fases en su filmografía? JLG.- Me han C.- José Luis, a ti te gustan las películas dobladas. Al respecto, dice Cabrera Infante: "la voz de la Garbo o de la Hepburn no es contingente, uno no puede decir que ha visto a la Garbo si no la oye". JLG.- Las voces de los grandes actores siempre han sido para nosotros las voces de sus actores de doblaje. Sí, no pasa nada, porque el cine es mentira. Desde el momento de su paso en fotogramas por segundo, hasta una escena de amor con orquesta (que siempre se mete luego), todo es una mentira maravillosa. ¿Por qué no vamos a poder manipular las voces? El cine es falso. Ejemplo, en Youre the one el primer plano del niño ascendiendo por la escalera está rodado en Asturias, el siguiente es un interior, el tercero, cuando aparece Lydia, es un decorado de Madrid A veces estás haciendo una escena a las dos de la tarde y en la ficción es de noche. Es como cuando escribes un libro, tú eres el filtro, pasa por ti la creatividad y todo junto produce una emoción estética. C.- Cuando has visto una película sincera y verdadera te viene como una sensación de enamoramiento, no paras de hablar... ¿Eres siempre sincero en tus trabajos? JLG.- A la hora de hacer una película hay que hacer caso a lo que llevas dentro, ni siquiera a lo que te sugieren con las mejores intenciones, si no jamás harías una película. Esto es como entrenar un equipo. Todo el mundo sabe cómo juega el contrario, la velocidad del lateral izquierdo, si el central va bien de cabeza, si es mejor al primer o segundo palo pero al final, eres tú quien tienes que decidir el juego. Si eres un hombre medroso jugarás atrás, si eres un hombre lleno de fantasía harás un juego bonito y divertido, si eres atolondrado el equipo jugará sin control. Tanto en el fútbol como en el cine siempre se refleja quién eres. C.- Para escribir un buen guión cinematográfico hay que escuchar mucho a los padres, porque siempre cuentan las cosas con sencillez... JLG.- Cuando eres niño, tu padre es John Ford y es un genio en todo, es mágico y poderoso, basta con que tu padre te cuente algo para que te transforme. Yo recuerdo que las noches de verano cuando era niño, hacíamos un corrillo al aire libre y allí mi padre contaba Ladrón de bicicletas y otro señor contaba Perdición y tú las veías tal y como eran. Ahora me pasa que cuento las películas mejor que las filmo. C.- Desde luego José Luis, no eres un director novel que ya no sepa lo que trae consigo el cine: trabajo, estreno, éxito, nervios y quizá un leve bajón al final del proceso. Este suele ser el esquema habitual. Si ya lo conoces, ¿por qué continúas haciendo cine? JLG.- La mayor felicidad de mi vida es rodar una película. Si hay momentos importantes en mi vida, la mayoría de ellos ocurren en el trabajo. Escribir es muy pesado, me cuesta mucho. Me está pasando también con las películas, me doy cuenta de que... no atino. |
| C.- ¿Por qué eres más espontáneo escribiendo que dirigiendo?
JLG.- Porque para escribir tengo seis semanas y para hacer dos planos tengo media tarde, con este tiempo te tienes que apañar. Cuando no se me ocurre nada para escribir, lo dejo para el día siguiente o para otro día, en cambio eso no pasa con el cine. Hay veces que improviso en una película, me pasó con el final de Youre the one, la escena de la cometa. Con ese final quería expresar que el amor no tiene límite de edad que te enamoras igual con 9 que con 50 años. C.- Hay gente que no enganchará con el trasfondo melodramático de la película. JLG.- Una película la ves dentro de diez años y quizá te guste y a mí no. Tendríamos que sentarnos y pensar qué ha pasado con tu vida. Eso pasa también con la literatura, ¿por qué un autor gusta en una época y otro no? Antes, Somerset Maughn gustaba mucho, a mí me sigue encantando y estoy convencido de que resurgirá con fuerza. C.- Me parece que no eres nada partidario del nuevo cine danés, del Dogma 95, Lars von Trier, etc. JLG.- Nada. Me parece falso, me parece mentira. Y dicen que no trabajan la luz. No es verdad. Hay gente que ha comparado a Trier con Dreyer, será porque los dos son de Dinamarca, si hay algo que esté en las antípodas de Dreyer es esa clase de películas. Si hay algo que esté en contraposición con Ordet es Rompiendo las olas, (Bailar en la oascuridad todavía no la he visto). Ordet es más Fresas Salvajes de Bergman. C.- Anda, háblame de las clásicas. JLG.- Perdición de Billy Wilder, o Centauros del desierto de John Ford están más allá de los géneros. Dreyer es como Las señoritas de Avignon de Picasso, algo que va a ser bueno siempre, porque me está hablando del fanatismo, del amor, de la inoportunidad del amor, de la belleza del amor, de los fundamentalismos, de las malas creencias religiosas, de la verdadera fe. Eso va a estar siempre. La gente siempre se va a emocionar cuando suene la marsellesa en Casablanca, al ver una historia de amor que no puede llegar a buen término pero que tú sabes que sería maravillosa, aparte de todo es una película llena de fe en el futuro, democrática en el genuino sentido de la palabra, de un héroe que está fuera de su país y se siente ciudadano del mundo. Cantando bajo la lluvia, ¿cómo se puede captar tan bien cuando una chica le dice a su chico "hasta mañana, no te mojes", "cómo que no te mojes, si luce el sol en California", y empieza a bailar... chapoteando. Eso es el cine. El paciente inglés está muy bien y se acerca a los clásicos. Yo te diría que Titanic es la película fin de siglo, porque es una historia de amor y, además, nos van a contar algo que es cierto, que ocurrió... Todo el planeta no puede estar equivocado cuando ha triunfado tanto. Esa es una película fin de siglo. Pero no el estilo Dogma, son películas de intelectuales equivocados, de esos que no saben quién es Griffith ni el neorrealismo italiano, ni la nueva ola francesa, todo esto de Dogma es un cuento comparado con aquello, que supuso toda una ruptura narrativa. C.- ¿no hay un excesivo intelectualismo cuando uno dice: "yo voy al cine no a pasarlo bien sino a ver películas con contenido"? JLG.- Ridículo. El cine es el arte del entretenimiento, lo más difícil del mundo es entretener, hacer una historia divertida, que conmueva. El cine de autor es fácil porque vale todo, a mí el mundo de las intenciones no me interesa, ¡a mí que me cuenten una historia! La vida de cada uno de nosotros no da ni para un corto, ¡no me cuente su vida que para eso tengo yo la mía! El arte de contar una historia es Hitchcock, Marnie la ladrona, Con la Muerte en los talones, Vértigo... ¡caramba, eso es contar una historia! El cine además es un arte industrial, es decir que no es como la pintura. Con tus pinturas y tu caballete tienes que demostrar que eres un genio, el cine, en cambio, depende de muchas cosas: del tiempo, del dinero... ¿Quieres hacer una película sobre los impresionistas franceses?, pues tienes que reconstruir Montmartre y eso cuesta dinero. Necesitas 40 o 50 personas por rodaje, y unos permisos. Los de producción te tienen que allanar el camino. |