Número 17, noviembre 2000 Número 19, enero 2001
El Entrevistón...
Javier Cámara

Le hemos encasillado como el chico de la comedia fácil. Pero no es un risitas, ni un graciosillo, es de los que para los pies para que no se malinterprete que va de bufón. Tiene muchos registros artísticos y está empeñado en sacudírselos de una vez para evitar que se apolillen. Acaba de hacer un papelín en la última película de Julio Medem, y un cameo en torrente 2... No tiene tiempo para más, 7 vidas le chupas las 20 vidas que parece tener. Empezó de lancero mudo en El Caballero de Olmedo de Lope y no quiere que ahora se le escape de las manos el buen momento que le brinda la tele. Es como un crío, le hace gracia estar entre dos siglos. Ser de 19... y al tiempo tener éxito en otro siglo. Paseó por el retiro de la mano de Calibán en una tarde infernal de diciebre, llena de rumores de viento y lluvia torpona. El amarillo de las hojas lucía como una alfombra de salón.

Calibán.-
Bueno, has hecho un trabajo en la nueva película de Julio Medem "Lucía y el sexo", donde se supone que el director vasco volverá a las andadas y hará un tipo de película muy peculiar, muy personal.

Javier Cámara.- A las andadas no vuelve, porque nunca ha abandonado ese estilo tan personal. Es un tipo muy interesante, me apetecía trabajar con él. Su cine siempre me ha gustado, es como el de Víctor Erice, muy de autor, muy creativo. A Julio le apetece contar una historia y lo hace aunque no tenga un hilo de acción trepidante. Me ha encantado que me dejara entrar en su mundo. Han sido diez días maravillosos de grabación.

C.- ¿Cuándo es el estreno?, y… háblanos de tu papel.

JC.- Se estrenará en el mes de mayo y mi papel es el amigo del protagonista, Tristán Ulloa. Lo ve, lo escucha y le intenta entender. Es un personaje que no habla mucho, pequeño. Pero con Julio Medem nunca sabes qué va a pasar, porque le gusta mucho la postproducción y a lo mejor luego le apetece hacer una película distinta a la que ha rodado, quiere tener mucho material y nunca se sabe lo que va a elegir.

C.- En 1991 trabajaste con Miguel Narros en El caballero de Olmedo de Lope de Vega, ¿te acuerdas de tu papel?, ¿hiciste del famoso Don Alonso?

JC.- En fin, Don Alonso era Carmelo Gómez y yo era un lancero que se escapaba por ahí, éramos cuatro con lanza y no hablábamos ninguno. Pero ya había tenido muchas experiencias previas. Había hecho teatro en la escuela de Logroño… En la Escuela de Arte Dramático fui dirigido por José Luis Alonso de Santos, que es ahora el director del Teatro Clásico... El caballero de Olmedo fue mi primer trabajo profesional. Desde entonces hasta el 94, que hice Ay Señor, Señor, todo ese tiempo fue ocupado por el teatro.

C.- Un periodista con mala intención diría: "Este tío tiene mucho morro. Empieza con el teatro pero cundo le viene el éxito comercial con una comedia de situación abandona el teatro, y además… además…"

JC.- ...cobra más.

C.- Exacto, cobra más.

JC.- Es que estamos en el momento de las series para la televisión. Es maravilloso, ¡puedes pagarte el piso!, puedes vivir por fin de este trabajo, y mejor que el éxito te venga a los 5 años de profesión que dentro de 40. En serio, yo tengo con esta profesión un compromiso de creación, de conseguir ser un poco artista, y considero que es muy complicado. De repente tienes un momento de poder crear una serie como 7 vidas, pero para llegar aquí has tenido que trabajar en series menores, mucho peores que ésta y… ¡quién me dice a mí que después no haré cosas peores!, no sé qué va a pasar de aquí en adelante. Estoy haciendo tele, que es lo que peor se ve en la profesión, pero ando muy a gusto, me da igual.

C.- Tu humor no es como el de Les Luthiers, de tiralíneas, ni el visual de Tricicle. El tuyo es más humano, fresco.

JC.- Bueno, lo que yo utilizo es un estilo, el que llevan haciendo los americanos hace 40 años. El trabajo de Les Luthiers es mucho más matemático, más preciso. El punto de atención lo trabajan más, porque es teatro. En la televisión no ocurre lo mismo, porque estás tú y punto. Hay que saber cuándo es el momento del primer plano, cuándo es el del gag… es un humor más marcado por la dirección. En 7 vidas no hay improvisación, trabajamos durante toda la semana, en esos días sí que puede surgir algo de improvisación pero no durante la grabación. Las cámaras te siguen y nunca puedes improvisar.

C.- Tengo un amigo que es presentador del tiempo en televisión y cuando le paran por la calle siempre le preguntan si va a llover, ¿pasa lo mismo contigo?, ¿te paran para que hagas gracias?

JC.- No me lo suelen pedir porque… me ven la cara. Al que viene esperando gracias le pongo rápido en su sitio. Si son menores de 12 años suelo tener bastante cuidado, porque hay que tener cierta responsabilidad con ellos, y además tienen esa cosa… pura y maravillosa. Cuando la gente viene a por el barullo les saludo en plan serio, y así les descentro. La gente piensa que todo el tiempo eres igual. ¡Me llegaron a decir que si yo era cura!

C.- Por cierto, cuéntame cómo empezaste en Ay Señor, Señor.

JC.- Fernando Colomo dirigía dos capítulos nuevos de Ay Señor, Señor. El antiguo guionista murió y en un segundo momento empezaron a buscar actor: Gabino Diego, Carlos Hipólito, Jorge Sanz, a la altura de Andrés Pajares, y tenía que ser joven para darle otro aire a la serie. Yo en ese momento estaba haciendo una sesión en la película de Fernando Colomo Allegro ma non troppo. Fernando me sugirió una peluca, un cambio de look... Fui muy tranquilo porque pensaba que iba a ser un personaje más pequeño. Yo nunca había trabajado con 4 cámaras, ni había hecho televisión en mi vida, fue bastante complicado.

C.- Mucha gente opina que te comiste con patatas a Andrés Pajares.

JC.- No lo creo. Es que el personaje fue ganando protagonismo. A Andrés le apetecía estar más tranquilo, había tenido una tralla muy grande con Ay, Carmela y tenía ganas de delegar un poco, y a mí comenzaron a escribirme mucho guión.

C.- Meterte en el papel de un cura, ¿te resultó divertido, te dio morbo?

JC.- Le tenía muchas ganas a los curas. El personaje de Andrés era el cura transparente, bueno, que no oculta nada y a mí me tocó hacer el falso. Por ejemplo, el Padre Apeles es un tipo patético y me apetecía acercarme a ese estereotipo.

C.- Y con Torrente 2 qué pasó?

JC.- Me llamó Santiago pero yo estaba ocupado, había firmado 30 capítulos de 7 vidas y me era imposible, de hecho para rodar los 3 días de Julio Medem ha sido difícil. En el fondo a Santiago le vino bien, porque quería darle un aire nuevo a la peli, con nuevos personajes. Bajé un día a Marbella y grabé con él. Fue lo único que pudimos hacer juntos, pero de muy buen rollo, ya habrá otra ocasión… seguro.

C.- Josema se cansó de hacer siempre lo mismo y lo dejó, y tú?

JC.- Uno tiene que saber cuáles son sus limitaciones. Por ejemplo, si operas el corazón salvas vidas, pero si quieres operar el hígado a lo mejor metes la pata, ¿para qué quieres operar el hígado?, pero bueno si te da… opera también los juanetes. Yo creo que hay que saber qué se sabe o qué se puede hacer y ser humilde cuando no se sepa. Si hago drama y soy un inepto tendré que reconocerlo, y hay gente que no lo hace, sencillamente porque no es grato, y date cuenta de que es un trabajo en el que operas con tu mente, con tu memoria y con todas tus capacidades. Estás trabajando con tu propio ser y, así, es muy duro reconocer los errores.

C.- ¿Recomendarías a los jóvenes que se metieran en esto de la interpretación?, ¿no es un poco duro?

JC.- Pero es que todo es así.

C.- El que estudia idiomas y es guía turístico lo pasa mejor

JC.- Pues yo conozco a un guía turístico que está hasta las narices de su trabajo de ir a Siberia 5 veces al año, y quiere irse solo por ahí, no aguanta a la gente. Uno tiene que hacer aquello en lo que se encuentre a gusto, incluso uno puede tomarse el tema de ser actor como un hobby, montar una primera obra de teatro, hacerlo poco a poco. Desde el momento en el que empiezas no significa que ya seas, no. Hace falta mucho tiempo.