Número 17, noviembre 2000 Número 19, enero 2001
El Entrevistón...
Javier Cámara

C.- ¿A qué huele 7 vidas, a Médico de familia, a Friends?

JC.- Desde luego a Médico de familia no. Es curioso, Zorrilla nunca habló de la escena del sofá para el diálogo de amor entre Don Juan y Doña Inés, sin embargo todos hablamos del famoso sofá. Todo el mundo comparaba 7 vidas con el sofá de Friends, por aquello del bar, los amigos... Pero por ahí hay una madre, uno es un parao… no tiene nada que ver. La forma que tienen los americanos de producir es muy acertada, los guiones y la técnica de los chistes es muy acertada. Lo nuestro no es ni Crónicas de un pueblo, ni Médico de familia, es un estilo más americano, más inglés, como El nido de Robin, Un hombre en casa, aquellas famosas series. Hay sitcoms inglesas que incluso los americanos las han copiado.

C.- ¿Qué pasa cuando se apagan las luces?

JC.- Hacemos un equipo fantástico. Es la segunda vez que me llevo tan bien con la gente del trabajo. Se nota que hay naturalidad, y eso es porque nos miramos mucho y nos compenetramos muy bien.

C.- La infancia nos marca. En Annie Hall, el Woody Allen niño vive debajo de una montaña rusa, por eso su carácter era más bien nervioso. ¿Te criaste a los pechos de una familia divertida, dada al espectáculo, y de ahí te viene todo?

JC.- Mi familia es muy normal, como todas, con sus tragedias, ironías y fantásticas historias. Han influido en cada cosa que hago, han influido en mi nariz, de hecho tengo la nariz de mi abuelo, la frente de mi padre y las piernas de mi madre, y si lo han hecho físicamente, emocionalmente ya ni te cuento.

C.- Hay mucho pesimismo con el futuro de la televisión, ¿por qué?

JC.- Pues porque pones la tele a las 4 de la tarde, a las 10 de la noche, por la mañana y… ¡es patético!

C.- Pero con tu serie estás creando una opinión pública de calidad, ¿no?

JC.- Pero no me gusta nada sentirme así de responsable. Me pone muy nervioso pensar que algo que pueda decir pueda ser superimportante.

C.- Los libros, la música, ¿consuelan de verdad?

JC.- Absolutamente. Quitando el amar y sentirse amado, que es lo más importante, la música me puede. Ha habido momentos en los que la música me ha ayudado mucho. La pintura y la escultura me fascinan pero tienes que ir al museo... Yo soy un gran comprador de música clásica. Me pone, me anima, me pone muy íntimo.

C.- Pero… ¿consuelo profundo?

JC.- A mí lo que me fascina de la música y del arte es sentirme creador. Una de las grandes maravillas del hombre es crear, de ahí suponemos que alguien nos ha creado… es la parte noble del ser humano.

C.- ¿Eres frágil o te quieres comer el mundo?

JC.- Soy bastante vago, a mí no me apetece ir a Hollywood, quiero hacer un trabajo pequeño que esté bien, que la gente te lo valore, porque la parte del ego actoral es fundamental, necesitas que alguien te lo diga.

C.- Tendrás algún tipo de pensamiento que te hunda en la miseria.

JC.- Con la muerte uno siempre tiene miedo, tiene sus manías persecutorias, pero en estos momentos tengo otra… conciencia de la muerte. Tengo sentimientos más positivos. Bueno, la muerte no deja de darme un pánico horroroso, de hecho, si me dicen que tengo cáncer estaría gritando hasta morirme, pero llega un momento en el que has visto tantos poltergeist que dices: eso es una tontería. Ahora con La Profecía me cago menos.

C.- Se nos viene un siglo encima.

JC.- Me parece muy interesante ser del siglo pasado y vivir en otro siglo. Somos del tiempo de los abstractos, de la música contemporánea, del surrealismo. Igual dentro de un siglo hay algo especial y me apetece estar en medio.