Número 19, enero 2001
Las ideas puras
Pablo D’ors
Editorial Anagrama

A veces los premios se conceden por motivos ignotos. El premio Herralde tiene suficiente prestigio en nuestro país (lo ganó Bolaño hace un par de años con una novela que es ya un clásico, Los detectives salvajes) como para que el editor, Don Jorge, se mantenga con dignidad. El finalista de este año ha sido Pablo D’Ors. En su obra anterior, El estreno, se mostraba más rico y triunfal, ahora, con el reto de una primera novela, le puede el vértigo de la macro-narración. El profesor protagonista de la historia pone nombre de filósofos/as a sus alumnos/as (pero la elección no afecta para nada al trasunto de la novela, es un juego). Pablo juega y juega a la oca, sin sobresaltos, con lenguaje conocido, sin riesgos. La redacción es arenosa. La idea de mezclar la erótica con la mística es un tema manido e imposible. El profesor es un vouyeur de tres al cuarto con tufos de pederasta. Pablo juega, Pablo pierde.