El Cervantes se lo llevó Umbral, no por cantado un premio deja de ser una sorpresa que sabe a tarta de trufas. Curiosamente, al escritor le ha pillado el homenaje en un momento de su vida en el que no parece afectarle en exceso la alabanza. Cuando a un joven escritor le publican su primera obra se muere por escuchar los elogios y mira y remira su obra editada, y no se cree que su nombre (Antonio Pérez de la Torre, ¡Antonio Pérez de la Torre, aquí lo dice!) aparezca en la cubierta del libro. A veces, la necesidad de relumbrón y acogida le viene a uno cuando está quemando las últimas letras de su vida. Le pasó a Buero Vallejo, que soltaba pestes de la España inmadura que no le reconocía debidamente. Sí, al final le llovieron los aplausos, palmaditas... ¿y qué? De él sólo queda en la tierra su recuerdo en boca de profesores y alguna que otra reposición posmortem. A Umbral los premios no le han pillado adolescente, "descienden sobre mí algunos de los más grandes premios, pero el éxito es un vértigo. La parra otoñece cada octubre y uno quisiera como ella, crecer en soledad, tener una apoteosis anual que nadie mira. Se acelera la vida para morir, y ya estraría agónico de éxito si no mirase a la parra todas las mañanas. La gloria es cosa de un otoño. Triunfar en todas las direcciones, de pronto, es peligroso, es fatal y mortal. Cómo miro la parra, metáfora involuntaria de una vida, brevísima temporada de recitales rojos, eso es el triunfo, el haber llegado, me lo pregunta una vieja bohemia de gorro negro y cuello que tiembla angustioso, ¿qué es la gloria, Umbral, qué se siente?, nada, mujer, el éxito está vacío". Umbral tiene en su contra aquel programa de la Milá en el que dijo que quería hablar de su libro, y una incurable mala idea, un mete-el-dedo-en-el-ojo vitriólico del que no le curan ni los amigos. Quizá, como decía Papini, la procacidad, el insulto y la blasfemia no son sino expresión en negativo de las ganas de encontrarse con los demás y con Dios. Al escritor madrileño se le concede el Cervantes por el peso de las evidencias, porque la nieve es blanca y los ríos van a dar al mar que es el morir, y porque las plumas sucesoras beben de él, lo quieran o no. |