Número 19, enero 2001
Cristina Cerezales
"Busco el sentido de la vida en los encuentros"
Sí. Cristina Cerezales se acerca a las plantas como si acabara de recibir una invitación a darles charla. Sabe que en ellas hay un tesoro de verdades primeras que está perdiendo el mundo, y quiere escuchar sus opiniones, sus lamentos. Será por eso que el tema de muchos de sus cuadros sea una explosión de color de flores reunidas, con el entusiasmo de los gritos que se superponen sin rebatirse, que elevan la voz para darse ánimo. Sí. La hija de Carmen Laforet pinta, pinta maravillosamente, fue su primera dedicación vocacional. Le venían los colores como ahora le viene las palabras. Vive en una casa maravillosa en Majadahonda, con chimenea central, ventanales que dan a un patio sembradito de hojas de otoño y libros que rebosan bañera y sartenes. La luz parece que viene desde el suelo y prende todos los rincones. La luz llega también de los cuadros. Las paredes del salón son amplias y están decoradas con infinidad de lienzos, como el rincón derecho de Las Meninas. Hay un gato que te mira con ganas de proponer amistad y una perra enorme, guardiana, de chirriante vozarrón que te huele en un pispás y se asegura de que no llegas con amenazas. La casa despide olor a tienda de libros, con una pizca de humedad y perfume francés. Majadahonda. Cuando uno oye Majadahonda se echa la mano al cinto y piensa en un tráfico imposible, en superpoblación de viviendas, ¡que me saquen!, ¡que me saquen! Pero Cristina Cerezales se queda en la orilla izquierda de la ciudad, donde no llegan las voces de los de adentro.

Ha escrito De oca a oca, tras haber pulido la obra una y mil veces, "había hecho una descripción detallada de la vida de las oca. Amigos míos me habían contado cosas increíbles de su vida y sus costumbres, pero decidí suprimir toda la información y sólo dejé un par de líneas".

Es profesora de pintura en la Politécnica. "Me parece que hay entre los jóvenes una necesidad de llegar a una expresión más
natural en su vida ordinaria, sin tantos conocimientos enlatados. Una forma más directa, más sencilla. Yo aprendo mucho de la naturaleza, en ella hay algo muy profundo y difícil de explicar que se va colando dentro. Y eso es lo que la juventud necesita
". Pero tras la observación de la realidad puedes encontrar los rasgos de un creador, ¿no?, "no sabría explicarlo". Y se calla como las arrugas de las flores, que caen sobre sí mismas y se guardan. Ha visto la última película de Lars von Trier. "Bailar en la oscuridad es una maravilla, pero me indignó". No puede ser. "Sí, me indignó por la manera tan dura como nos hace sufrir, llegó un momento en que dije, lo siento, no quiero sufrir más". Cristina es sensible, mucho, cuando le viene un ariete hacia el rostro, desconecta. "Por eso, decidí verla como una obra de arte". Pero el sufrimiento es una consecuencia del amor tan grande que tiene la protagonista por su hijo, un amor que llega hasta entregar la vida. "Ya, pero es difícil aguantar tanto sufrimiento".

Vocación literaria. Al ser la hija de Carmen Laforet seguro que habrá vivido enterrada en libros, entre las frases literarias de la madre. ¿Ha sido una experiencia negativa el que hayas tenido a una madre famosa? "No. En este momento, cuando acabo de sacar mi primera novela, me está ayudando muchísimo. Ella vivió dolorosamente la fama, porque fue a una edad muy temprana y siempre intentaba escaparse de ella. Precisamente por haber tenido a un padre y a una madre literatos, siempre me dio miedo afrontar la literatura". Y la necesidad de pintar, ¿cómo surgió? "Desde niña. Fue como un impulso que había que desarrollar, algo que no podía tener fin, un crecimiento constante. Es curioso, hace tiempo estaba haciendo un retrato a una sobrina de 6 años. De repente me preguntó, ¿sabes pintar? y yo, para darle confianza, le dije que sí. En ese momento me respondió, pues ya no eres pintora. No sé por qué lo dijo. Me maravilló esa visión de que si uno ya considera que sabe, se ha acabado su profesión de pintor, porque tanto la literatura como la pintura son una búsqueda".

Cristina Cerezales parece un poco pesimista en sus páginas, dice que las ocas son fieles, la fidelidad conduce al dolor, la vida es como el juego de la oca, un recorrido en solitario, ¿la obra es una búsqueda en solitario de la verdad? "Es la historia es de una mujer en crisis que tiene que dar respuesta a su vida antes de tomar partido". ¿Tengo yo que solucionar mi vida antes de ayudar a los demás?. "Si estás en crisis sí, es necesario saber por qué se hacen las cosas, tienes que estar un poco en calma. Justa tiene que solucionar su situación, está confusa, necesita ayudarse. Jesucristo dijo que hay que amar a los demás como a uno mismo. Hay que rastrear los propios miedos, ver dónde se iniciaron para destruirlos y ser libre". ¿Cómo te vino la inspiración de la novela?, ¿en torno a una chimenea?, porque toda la obra huele a leña. "Estoy acostumbrada a la chimenea porque favorece enormemente el relato y he charlado delante de muchas chimeneas, han salido muchas historias de allí. He hecho 5 redacciones de la novela, quería contarlo de muchas maneras". La técnica te habrá resultado cómoda por la utilización del juego de la oca, vas para adelante y para atrás como te viene en gana. "Sí, me di cuenta de que estaba haciendo como en el juego de la oca". ¿Qué dicen tus hijas de ti? "Nos comunicamos muchísimo sobre temas artísticos, personales, sus temas me interesan…"

Está embarcada en un próximo proyecto. "Ahora estoy terminando de corregir un libro de cuentos que será mi próxima obra".