Número 19, enero 2001
Eutanasia
Holanda, un lamentable retroceso
Félix Garrido
Presidente de ANASAPS, Asociación Navarra para la salud psíquica

"Es gravísimo que no se pueda curar por falta de medios"

    Según los últimos datos, sólo un 15% de los enfermos mentales es atendido con el tratamiento adecuado.

    Un enfermo mental necesita estar debidamente medicado y sensibilizado adecuadamente desde el punto de vista psicológico para que vaya entendiendo su enfermedad. Primero es tratar la crisis y luego la rehabilitación.

    ¿Muchos fármacos y poco trabajo para que puedan asumir su nueva realidad?

    Sí, es muy duro. El otro día en unas jornadas en Estella dos chicos enfermos se levantaron en el coloquio y expusieron que no lo soportaban y se iban a suicidar porque era la enfermedad peor y más triste. Más que le esquizofrenia, lo que produce trastornos más graves a la persona son las fuertes depresiones.

    Lo que si se oye cada vez más son las bajas por depresión.

    Ahora hay una moda: ir al psicólogo, pero no hay que confundir la enfermedad de la depresión con el estrés, el enfado, las dificultades afectivas, el no ser en definitiva capaz de reaccionar frente a las agresiones externas. La sociedad tiene un umbral mínimo de tolerancia por ello debemos intentar recuperar a los enfermos hasta ese umbral donde es más fácil la convivencia y al resto buscarle un camino donde la calidad de vida sea digna, centros asistidos como los hay para las personas mayores o para los parapléjicos. Pero se da la paradoja de que los trabajos que se ofercen son de jardinería, limpieza, cuando en este colectivo hay todo tipo de personas con carrera y es muy dificil que entiendan que pueden ser felices con esa actividad. Ya lo he expuesto en el Parlamento. Aquí se está legalizando la eutanasia. Nuestro problema es que la gente es inteligente y hay que buscarles las mejor forma de vida con las capacidades que tienen y que deben llegar a asumir.

    Socialmente esta enfermedad se percibe como lo peor porque no es algo físico, que se vea. Es algo que se escapa.

    El problema es que los afectados han estado hasta el año 1986 dento de un recinto, apartados de la sociedad. A las familias les da vergüenza reconocer que tienen un enfermo mental. No hemos demostrado valor como, por ejemplo en el caso de los infectados por VIH, que salen a la calle y reclaman sus derechos y ayuda.

    ¿De la fundación y del espacio sociosanitario lleva hablándose mucho tiempo ¿cómo está el tema?

    Se nos prometió hace tres años la fundación, algo que venía de lejos, pero está totalmente parado. Ha muerto porque no se ponen de acuerdo en si una fundación pública o privada. Queremos revitalizarlo, que se busque una fórmula, la que sea, pero la sociedad debe echar una mano. Los familiares debemos ser reivindicadores y colaboradores al máximo y los profesionales que les atienden deben tener agallas, coraje para, si ven que no pueden cumplir con su deber de curar a la persona porque no tienen medios, reivindicarlos. Es gravísimo que no se pueda curar por falta de medios, y ocurre.