Número 20, febrero 2001
Las dos caras de...
MAGNOLIA

Dr. Jekyll

TITULO: Magnolia

DIRECCIÓN:
Paul Thomas Anderson

FILMOGRAFÍA DEL DIRECTOR: Boogie Nights (1997), Sidney (1998)

GUIÓN: Paul Thomas Anderson. Basado en una idea original del propio autor.

FOTOGRAFÍA: Robert Elswit

MÚSICA: J. Brian y Aimee Mann

INTERPRETACIÓN: Jeremy Blackman, Tom Cruise, Melinda Dillon, W.H. Macy, Julianne Moore, Philip Baker Hall, Philip Saymour.

SINOPSIS: Nueve personajes y sus nueve historias: un machista predicador del sexo, un policía con ganas de hacer el bien, un anciano a punto de morir, su esposa y su enfermero, una joven adicta a las drogas, un presentador de T.V., un niño prodigio y un antiguo niño prodigio. Sus vidas dan pie a todo un abanico de sentimientos, reacciones, situaciones y sucesos, que terminan, de una forma u otra, entrelazándose.

PREMIOS: Tres nominaciones a los Oscars (mejor actor secundario —Tom Cruise-, mejor guión original y mejor canción original "Save me". Globo de Oro a Tom Cruise y Oso de Oro a la mejor película.

DATOS TÉCNICOS: La puesta en escena es ágil, dinámica, viva. Numerosos travellings y fuertes movimientos de cámara, y los efectos de cámara viva, nos introducen en cada una de las situaciones. El director utiliza en varias ocasiones los encadenados para aunar la acción de los diversos acontecimientos. Inteligente no sólo en su guión sino también en su plasmación fotográfica, en la que música e imagen están fuertemente unidas.


Mr. Hyde

El way of live americano se ve altamente cuestionado en este crudo repaso de las diferentes conductas vitales de esta galería de atormentados perdedores. Sin embargo, el director parece dejar una puerta abierta a la esperanza en el último tramo de película, disminuyendo toda la carga dramática.

Desde Vidas cruzadas de Robert Altman, son muchos los títulos de películas en donde una historia coral es el eje de la acción. Gran Cañón, Jugando con el corazón o la más reciente, Beautiful people, sin ir más lejos. Magnolia es otro ejemplo de ello. En este caso, Anderson, decide centrarse en uno de los aspectos más ásperos de la vida: El sentimiento de culpabilidad ante un pasado estéril. En un autoexamen final, el anciano moribundo se pregunta: "¿Qué he hecho con mi vida, Dios mío, qué he hecho?" Y le recomienda a su fiel enfermero que no sienta miedo de arrepentirse y recomenzar. Sabio consejo para este "orgulloso mundo nuestro", en el que reconocer que estás en un error es algo casi prohibido. En la película, todos los personajes están marcados por su pasado: la esposa, por sus antiguas infidelidades, el machista, por su solitaria infancia, la drogadicta, por los abusos de su padre, el ex niño prodigio, por su paralizada capacidad de amar... y así cada uno de los protagonistas. "Putos remordimientos...", comenta el anciano en otro momento de la película. En todos ellos se puede ver la tremenda necesidad de sentirse perdonados, limpios, con la conciencia tranquila y así poder enfrentarse de nuevo a la vida. Es como si el director intentara decirnos que la vida no está hecha de cosas que pasan, como provocadas por un vano azar. En la vida, hasta lo más intrascendente puede tener un significado trascendente.