ESCRITOS DE LONDRES Y ÚLTIMAS CARTAS
Simone Weil
Editorial Trotta
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DEDICÓ TODA SU VIDA, su corta vida (34 añitos zanjados por la serpiente de la tuberculosis), a dejarse la piel y el empeño por los obreros de las fábricas francesas. Su actividad docente estuvo cargada de ardor hacia lo auténtico. Para ella, los seres humanos no eran bípedos implumes con mayor o menor dignidad, sino un santuario abierto al misterio. Por eso, especialmente en estas últimas cartas que escribiera con tono febril, intenta definir de dónde proviene el respeto a toda persona humana, y por eso habla de la presencia de lo sagrado envuelto en los pliegues de la piel. Como mujer de fe en un Dios-origen de todo lo que existe, cuenta que el acto de la creación no fue un acto de potencia. "Es una abdicación. Mediante este acto se ha establecido un reino distinto del de Dios. La realidad de este mundo está constituida por el mecanismo de la materia y la autonomía de las criaturas razonables. Es un reino del que Dios, habiendo renunciado a ser rey, sólo puede ir como mendigo". Y así es como, según ella, uno se topa con la verdad, no como en un intercambio financiero, sino como cuando uno se da de bruces por la calle con un mendigo, que no impone nada, sino que simplemente está a la vista, pequeño y sin aparentes argumentos.
En otro momento comenta: "Hay una alianza natural entre la verdad y la desgracia, porque una y otra son suplicantes mudos, eternamente condenados a permanecer sin voz ante nosotros. Del mismo modo que un vagabundo, acusado ante el tribunal por haber cogido una zanahoria de un campo, está plantado ante el juez que, cómodamente sentado, desgrana elegantemente preguntas, comentarios y bromas, mientras que el otro consigue apenas balbucear, así también está plantada la verdad ante una inteligencia ocupada en establecer elegantemente opiniones". En sus páginas, Simone Weil reflexiona si después de la II Guerra Mundial Europa está preparada para luchar por una auténtica justicia y propone todo un estudio para una declaración de obligaciones respecto al ser humano. Estudio muy interesante y actual en muchos puntos, como cuando reflexiona sobre la necesidad humana de la verdad y la libertad de expresión. "La necesidad de verdad exige que todos tengan acceso a la cultura del espíritu". Magnífica definición esa de la cultura del espíritu, más necesaria en la actualidad, cuando la cultura mediática nos reprograma versiones cada vez más casposas de Gran Hermano y sus hijos. |